¿Qué dice la Biblia?
El concepto de los siete pecados capitales tiene su origen en la tradición de la Iglesia católica, no en las Escrituras. Fueron ampliamente reconocidos a través de las enseñanzas de Evagrio Póntico y el Papa Gregorio I, con la intención de educar a los creyentes sobre la naturaleza omnipresente y destructiva del pecado. Aunque la Biblia no categoriza los pecados de esta manera, Proverbios 6:16-19 proporciona una lista de siete pecados que Dios odia: «Seis cosas hay que odia el Señor, Y siete son abominación para Él: Ojos soberbios, lengua mentirosa, Manos que derraman sangre inocente, Un corazón que maquina planes perversos, Pies que corren rápidamente hacia el mal, Un testigo falso que dice mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos». Estos pecados son similares a los pecados capitales, pero no idénticos. Además, la Biblia enfatiza que todos los pecados, sin importar el tipo, resultan en muerte espiritual (Romanos 6:23). Las Escrituras no describen ciertos pecados como más mortales que otros. En cambio, enseña que el pecado separa universalmente a la humanidad de Dios, haciendo necesaria la salvación mediante la fe en Jesucristo (Romanos 3:23; Efesios 2:8-9).