¿Qué dice la Biblia?
Las Escrituras muestran sacrificios que apuntan a Cristo de maneras específicas. La Pascua se centra en el rescate del juicio mediante la sangre de un cordero sin mancha cuyos huesos no debían romperse (Éxodo 12:5; 12:46). Israel marcaba sus puertas con la sangre del cordero, y el Señor salvaba a los que estaban bajo esa señal cuando juzgaba a Egipto (Éxodo 12:7; 12:23). El Día de la Expiación enfatiza la limpieza del pecado y la reconciliación con Dios mediante el servicio del sumo sacerdote: la sangre introducida en el Lugar Santo y los pecados eliminados simbólicamente (Levítico 16:15-22; 23:27-28). El Nuevo Testamento reúne estas pautas en Jesús. Juan lo llama el Cordero de Dios que quita el pecado (Juan 1:29) y Pablo lo llama nuestra Pascua (1 Corintios 5:7). Juan afirma que ninguno de los huesos de Jesús se quebró, como en el caso del cordero pascual (Juan 19:33-36; Éxodo 12:46). Hebreos dice que Jesús cumplió el objetivo del Día de la Expiación de una vez por todas, entrando en el verdadero santuario por Su propia sangre para asegurar la redención eterna (Hebreos 9:11-14; 10:1-14). Así pues, el momento de la Pascua subraya la liberación, mientras que el significado de la expiación se realiza plenamente en Cristo.