¿Qué dice la Biblia?
El día en que Jesús murió, en preparación para el día de reposo, los líderes judíos pidieron que se quebraran las piernas de los crucificados para acelerar su muerte. Aunque los soldados quebraron las piernas de los que fueron crucificados junto a Jesús (Juan 19:31-32), vieron que Jesús ya estaba muerto (Juan 19:33). Para confirmarlo, uno de ellos le traspasó el costado con una lanza, y Juan informa que salieron sangre y agua (Juan 19:34). Juan enfatizó que él mismo vio esto y que ocurrió para cumplir la Escritura (Juan 19:35-37). El contexto profético incluye el mandato de que los huesos del cordero pascual no debían ser quebrados, algo que Juan aplicó a Jesús (Éxodo 12:46; Juan 19:36; Salmo 34:20). También conectó el traspaso con la profecía de que el pueblo miraría a Aquel que fue traspasado (Zacarías 12:10; Juan 19:37). En una crucifixión, la muerte podía ocurrir por shock hipovolémico, es decir, por una pérdida severa de sangre, o por asfixia. Estas condiciones podían causar acumulación de líquido alrededor de los pulmones y del corazón. Al traspasar el costado de Jesús, la lanza habría liberado ese líquido claro mezclado con sangre. Esto coincide con el relato de Juan (Juan 19:34).