¿Puede o debe un cristiano casarse con una persona que no sea virgen?

¿Está bien que un cristiano que es virgen se case con alguien que no es virgen? Para responder a esta pregunta, primero debemos entender el diseño de Dios para el matrimonio. Según la Biblia, un matrimonio piadoso se caracteriza por una relación entre un hombre y una mujer en la que no hay inmoralidad sexual. En Génesis 2:24 Dios declara: "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne." Dios tiene la intención de que el sexo sea dentro del matrimonio y que los hombres y las mujeres permanezcan vírgenes hasta que se casen. Sin embargo, debido a que vivimos en un mundo caído y nuestra naturaleza humana es pecaminosa, muchas personas tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio antes de convertirse en seguidores de Cristo o conocer a su futuro cónyuge. A veces, los cristianos también caen en el pecado sexual y pierden su virginidad antes del matrimonio. Aunque Dios nos limpia de nuestros pecados cuando nos arrepentimos, todavía nos resulta difícil perdonar a los demás y a nosotros mismos por nuestros pecados pasados. La falta de perdón puede tener un impacto negativo en un matrimonio.

El apóstol Pablo nos anima a no estar unidos en yugo desigual con los incrédulos (2 Corintios 6:14). Esto significa que no debemos casarnos con incrédulos porque no comparten nuestros mismos valores y no pueden entender nuestra relación con Dios. Si bien la Biblia dice que debemos casarnos con otro creyente, no nos aconseja específicamente que no nos casemos con un creyente que no sea virgen. Esto se debe a que todos nacemos en pecado; por lo tanto, todos hemos pecado y todos necesitamos perdón.

No obstante, al considerar casarse con alguien, especialmente con alguien con inmoralidad sexual en el pasado, es importante seguir estas pautas.

Primero, es importante que entendamos que la salvación es producto de la gracia. En Efesios 2: 8–9 Pablo dice: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe." Todos somos pecadores y necesitamos perdón. Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, Dios nos perdona y nos convierte en una nueva creación. Jesús nos dice que debemos perdonar a los demás porque hemos sido perdonados. Nuestra propia experiencia con el perdón nos ayuda a ver a los demás desde la perspectiva de Dios y a estar dispuestos a olvidar sus errores pasados porque Dios nos ha separado de nuestros pecados pasados. Necesitamos perdonar a nuestros cónyuges por su pasado sexual.

En segundo lugar, debemos orar por la decisión y pedirle sabiduría a Dios. Dios promete dar sabiduría a quienes la pidan (Santiago 1: 5). Tomar una clase prematrimonial en una iglesia o hablar con un pastor son excelentes formas de buscar sabiduría sobre el matrimonio.

En tercer lugar, cuando busques un cónyuge, debes buscar a alguien que ejemplifique el carácter de Dios y que te ayude a convertirte en una mejor persona y a crecer en tu relación con Dios. En un matrimonio saludable, tanto el esposo como la esposa deben someterse “unos a otros en el temor de Dios." (Efesios 5:21). Ambos cónyuges tienen la responsabilidad de amarse y respetarse mutuamente.

Finalmente, debes comunicarte y trabajar respecto al pasado con tu futuro cónyuge. Hablar sobre el impacto que el pasado tendrá en tu matrimonio y aprender a apoyarse y perdonarse mutuamente les ayudará a tener una relación sana en el futuro.



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