Sin duda, el sexo puede volverse adictivo. Pero la Biblia habla de la actividad sexual como algo más que una simple adicción. Dentro de los límites del matrimonio, el sexo es una expresión de amor y un medio de unidad (Génesis 2:24; Cantar de los Cantares; 1 Corintios 7:3-5). Dios lo concedió para el disfrute de cada cónyuge, el fortalecimiento del vínculo matrimonial y la procreación (Génesis 1:28).
El sexo dentro del matrimonio no se concibe como un medio para complacerte a ti mismo, sino como una forma de expresar amor a tu cónyuge. La Biblia califica de pecado todo comportamiento sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer (Hebreos 13:4; 1 Corintios 6:9-10). Las Escrituras también contienen ejemplos de quienes cosecharon las consecuencias negativas de estar obsesionados con el sexo: desde la obsesión de Amnón por Tamar hasta la inmoralidad sexual de Sansón.
La Biblia enseña que, además de la inmoralidad sexual física, los deseos sexuales desordenados pueden ser pecaminosos. Afortunadamente, la Biblia también ofrece esperanza para una nueva forma de vida. Como creyente, tú puedes confesar tus pecados y saber que serás perdonado. Tú también puedes buscar la sabiduría de Dios para resistir la tentación y superar cualquier adicción (Santiago 1:5).
¿Cómo puedes superar la adicción sexual? El primer paso es creer en Jesucristo como tu Señor y Salvador. Tratar de superar la adicción sin la influencia de Su Espíritu es casi imposible. Además, es imposible comprender el don del sexo y su propósito fuera de una relación con Jesús. El mundo te dice que el sexo es para tu propio placer y gratificación, pero no es así como Dios lo creó.
Para superar la adicción sexual, tú debes reemplazar tus viejos hábitos con hábitos nuevos y piadosos. En lugar de entretenerte con pensamientos sexuales, sustitúyelos por música cristiana, por memorizar las Escrituras o por servir a los demás. Ten cuidado de reconocer las situaciones que te conducen a la tentación. Pídele al Espíritu Santo que te dé poder para establecer límites y resistir cuando lleguen las tentaciones.
El mismo poder que resucitó a Cristo de entre los muertos vive en ti si confías en Jesús, y Él quiere darte vida abundante y libertad del pecado que te esclaviza. También deberías encontrar un amigo o una comunidad de amigos piadosos que te ayuden. La vida cristiana no está pensada como un deporte en solitario. Pasa tiempo regularmente con otros donde puedan animarse y orar el uno por el otro, mientras se rinden cuentas en las áreas de debilidad. El pecado sexual es, en su raíz, igual que cualquier otro pecado. Dios desprecia la desobediencia y te quiere libre porque Él te ama. Ningún recurso es más poderoso que el Dios que sabe lo que significa sufrir la tentación humana.