¿Qué dice la Biblia?
En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote era el principal líder espiritual de Israel, responsable de mediar entre Dios y el pueblo mediante sacrificios e intercesión, especialmente en el Día de la Expiación, cuando entraba en el Lugar Santísimo para expiar los pecados de la nación (Levítico 16:29-34). Elegido del linaje de Aarón, desempeñaba funciones que simbolizaban la santidad y señalaban al Sumo Sacerdote supremo, Jesucristo, que cumplía esa función a la perfección (Hebreos 4:14-16). Los sumos sacerdotes estaban sujetos a un mayor nivel de santidad que los sacerdotes levitas. Por ejemplo, no podían tocar cadáveres salvo los de parientes cercanos, no podían tener deformidades físicas específicas y solo podían casarse con vírgenes israelitas. La gente confiaba en ellos para buscar la voluntad de Dios, y llevaban elaboradas vestiduras que incluían el Urim y el Tumim, símbolo de Su papel como intercesores de Israel. Su principal deber era realizar sacrificios, especialmente en el Día de la Expiación, para limpiar los pecados del pueblo ante Dios. Jesús es el Sumo Sacerdote definitivo, cuyo sacrificio garantiza el acceso directo a Dios, haciendo innecesario el antiguo sistema de sacrificios. A través de Jesús, los creyentes tienen acceso a la presencia de Dios sin necesidad de otros intermediarios, confiando en Su gracia recibida por la fe.