Jesús no vivió como un hombre rico durante Su estancia en la Tierra. Después de nacer, María lo acostó en un pesebre; trabajó como carpintero en un pueblo pequeño y, más tarde, viajó sin hogar, dependiendo del apoyo de los demás.
Aunque Jesús era plenamente Dios y creador de todas las cosas, eligió una vida de humildad y servicio cuando asumió la humanidad. Su estilo de vida contrasta fuertemente con las expectativas culturales de Su época, así como con las enseñanzas modernas que equiparan la piedad con la prosperidad económica. La vida de Jesús es un modelo de obediencia sacrificada y te llama a seguirle en la humildad, no en la riqueza material.
En contraste con la forma en que Jesús vivió, muchos maestros de la prosperidad afirman que la fidelidad a Dios resultará en bienestar financiero. Sin embargo, Jesús vivió una vida sin pecado y también vivió con medios humildes, incluso muriendo por Su mensaje. En cambio, las Escrituras enseñan que la piedad puede traer dificultades.
2 Timoteo 3:12 dice:
"Y en verdad, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos".
Aquellos que enseñan que dar financieramente y vivir fielmente resultará en riqueza lo hacen en directa contradicción con las enseñanzas del Nuevo Testamento. Por supuesto, como plenamente Dios, Jesús es el creador y sustentador de todo el universo. Sin embargo, durante Su vida terrenal, eligió vivir humildemente, dándote ejemplo.
Filipenses 2:5-8 te llama a seguir Su ejemplo de humildad:
"Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".
Jesús vivió claramente una vida marcada por el servicio a los demás, no por la acumulación de bienes. Como seguidor suyo, puedes aprender mucho de Su ejemplo.