¿Dice algo la Biblia acerca de los amigos?

Dios nos creó para ser criaturas relacionales. Las amistades son un aspecto importante de una vida satisfactoria, y aprendemos sobre el amor, el perdón y la gracia cuando nos acercamos a los demás. Cuando elegimos a nuestros amigos con sabiduría y discernimiento, estamos agregando relaciones alegres y saludables a nuestras vidas.

Las Escrituras están llenas de grandes amistades. Una de estas grandes amistades fue entre Jonatán y David. Jonatán era el hijo del rey Saúl, quien perseguía a David y lo odiaba. Jonatán era un amigo leal a David, más cercano que un hermano, y su lealtad superaba la de su lealtad a su padre (1 Samuel 18: 1–4; 20: 12–17). La vida de David fue salvada por Jonatán, y cuando Jonatán murió, David escribió un salmo de lamento para su amigo más querido (2 Samuel 1: 18–27). En el Nuevo Testamento, Pablo a menudo escribía a sus amigos que lo alentaban, oraban por él y lo cuidaban. Estos amigos fueron parte integral del viaje y la misión de Pablo. La Biblia alienta a los amigos a reprenderse unos a otros con amor (Efesios 4:15), orar los unos por los otros y responsabilizarse mutuamente (Santiago 5:16). Las amistades son una parte importante de nuestro caminar cristiano.

Sin embargo, nuestros viajes con otros no siempre son cómodos o fáciles. Las amistades pueden dejarnos decepcionados, heridos y causarnos dolor. Nuestras amistades a veces son lo suficientemente íntimas como para influir en nuestras creencias y acciones. Un ejemplo extremo de esto se encuentra en el Antiguo Testamento, cuando Jonadab persuade a Amnón de violar a su media hermana, Tamar (2 Samuel 13: 1–6). También hay ejemplos de amigos que se llevan unos a otros a adorar ídolos falsos en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 13: 6–11). Proverbios contiene muchas advertencias acerca de las amistades, como ser consciente de que los chismes rompen las relaciones (Proverbios 16:28) y los rencores que los pesan (Proverbios 17: 9). Las amistades tóxicas no solo se limitan al Antiguo Testamento. Una de las traiciones de amistad más conocidas ocurrió cuando Judas traicionó a Cristo, lo que sin duda le produjo dolor y aflicción. Pablo advirtió a la iglesia de elegir sabiamente a los amigos porque "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres." (1 Corintios 15:33).

Las Escrituras son claras sobre la bendición de las amistades, pero también son claras sobre el discernimiento requerido para elegir buenos amigos (Proverbios 1: 10–19; 4: 14–19). Debemos elegir amigos que no nos inciten a pecar ni adorar nada que no sea Dios. Debemos elegir amigos que sigan el camino de la justicia y sean rápidos para correr hacia Dios. Como con todas las relaciones, debemos ser sabios con quienes elegimos pasar nuestro tiempo y quién nos ayudará a estar más cerca de Dios.



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