¿Qué dice la Biblia?
Santiago 1:19 ofrece consejos sobre cómo comportarnos al comunicarnos: "Esto lo saben, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;". Santiago no es la única parte de la Biblia que ofrece esta orientación. Varios Proverbios nos aconsejan que cuidemos nuestra forma de hablar por el daño potencial que pueden causar nuestras palabras (Proverbios 10:19; 17:27-28; 18:2). Ese daño es a menudo el resultado de palabras airadas, y muchos de los Proverbios advierten contra la ira (Proverbios 14:29; 15:1; 29:11). David conocía la sabiduría de guardar nuestras palabras, como expresa en algunos de los Salmos (39:1-2; 141:3). El Nuevo Testamento también trata este tema. Muestra el impacto del Espíritu Santo en la forma en que los creyentes interactúan con los demás. Los creyentes deben manifestar el fruto del Espíritu, que proporciona la gracia que necesitamos para escuchar a los demás con respeto y controlar lo que decimos (Gálatas 5:22-23). La seriedad de esto se ve en la advertencia de Jesús contra las consecuencias de las palabras descuidadas. La Biblia muestra que las palabras malsanas y airadas no son propias de los hijos de Dios. Los creyentes actuamos con sabiduría cuando hacemos caso de la enseñanza de las Escrituras de ser rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para la ira.