Aunque la Biblia no prohíbe totalmente las deudas, nos advierte sobre ellas, subrayando que pueden esclavizarnos e impedir nuestra libertad y generosidad. Se anima a los cristianos a ser sabios, diligentes y responsables con sus finanzas, procurando evitar las deudas en la medida de lo posible y pagándolas fielmente. Salir de las deudas requiere determinación, sacrificio y tiempo.
Cuando nos encontramos endeudados, debemos verlo como una circunstancia temporal y ser diligentes para saldar la deuda. Esto requiere sabiduría y trabajo duro. El primer paso es elaborar un presupuesto. Es necesario saber de cuánto dinero se dispone en cada período de pago, cuáles son las facturas y responsabilidades, qué necesidades se tienen y qué cantidad se puede destinar a la deuda. En este paso, se deben hacer sacrificios para eliminar tantos gastos como sea posible. Hay que reducir los gastos de entretenimiento, la factura de televisión o streaming, y cualquier otra que se pueda eliminar o disminuir. El enfoque y la prioridad deben ser el pago de la deuda. La mayoría de los asesores financieros recomiendan centrarse en la deuda más pequeña para tratar de eliminarla rápidamente, y luego pasar a la siguiente.
Comprometerse a seguir el presupuesto implica abordar también estas cuestiones: continuar diezmando o contribuyendo a la iglesia local y, posiblemente, a otros ministerios. Hay que incluir las donaciones en el presupuesto y determinar a qué organizaciones apoyar. Ser generoso forma parte del corazón de Dios para nosotros. Si no se sabe cómo eliminar las deudas de manera agresiva, es importante buscar consejo sabio y piadoso. La iglesia puede referir a la persona a un consejero financiero de confianza o a alguien capacitado para ayudar. También se puede buscar ayuda en ministerios especializados en finanzas. Es útil contactar a todos los acreedores y pedirles elaborar un plan para eliminar la deuda, solicitando tasas de interés más bajas o reducciones en los pagos. Se puede conseguir ayuda para negociar la deuda. Hay que ejercer disciplina en el gasto y en el pago de la deuda. Se puede pedir a otros creyentes que se unan en oración y ayuden a rendir cuentas sobre el plan. Es fundamental pedirle continuamente al Espíritu Santo que produzca el fruto del dominio propio (Gálatas 5:22-23) y a Dios que bendiga los planes para honrarlo (Proverbios 16:3).
Debemos recordar acudir continuamente a Dios cuando empecemos a flaquear o a preocuparnos. “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios” (Filipenses 4:6). Y recordar seguir dando gracias a Dios, incluso en esta difícil circunstancia. “Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18). Seguir estos pasos nos ayuda a tomar en serio el deseo de salir de deudas y a confiar en Él mientras lo hacemos. Hay libertad para quienes viven sin deudas.