¿Debería un cristiano hacer ejercicio? ¿Qué dice la Biblia sobre la salud?

Las tendencias en materia de salud física han estado en constante cambio por años. Muchas de estas enfatizan la nutrición, mientras que otras tienen más que ver con el estilo o las rutinas de ejercicio. Nuestra cultura también está interesada en la investigación de la salud y los últimos hallazgos sobre lo que extiende la esperanza de vida o lo que causa ciertas enfermedades. Algunos están atrapados en estas modas y hacen de la salud o el fitness un ídolo ya que sus vidas y sentido de sí mismos giran en torno a su apariencia. Otros ignoran por completo los hallazgos médicos y viven de cualquier manera, dañando sus cuerpos en el proceso. Independientemente de la reacción individual, parece que nos fascina la salud y dedicamos bastante tiempo y dinero a la lucha por el buen estado físico. Entonces, ¿qué dice la Biblia sobre la salud?

1 Corintios 6: 19-20 dice: "¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios." 1 Timoteo 4: 7b-8 dice: "Ejercítate en la piedad, pues aunque el ejercicio físico trae algún provecho, la piedad es útil para todo, ya que incluye una promesa no solo para la vida presente, sino también para la venidera." Estos dos versículos son una hermosa ilustración del punto de vista equilibrado de la Biblia con respecto a la salud.

Nuestros cuerpos son valiosos para Dios. Él se preocupa no solo por nuestras almas, sino también por nuestros cuerpos. Cuando Dios creó al hombre, lo convirtió en un ser físico. También le dio al hombre alimento y trabajo (Génesis 1: 28-31). El Salmo 139: 13-14 habla de Dios entretejiéndonos en el vientre de nuestra madre. Jesús les dijo a sus seguidores que Dios conocía sus necesidades físicas y que las cubriría (Mateo 6:32). Jesús mismo proporcionó alimento para las personas (Lucas 9: 10-17; Marcos 8: 1-8; Juan 2: 6-11) y sanidad física (Mateo 4:23; Hechos 10:38). El hecho de que Jesús vino a la Tierra en forma corporal demuestra aún más el respeto de Dios por nuestro ser físico. Pablo les dice a los creyentes sin rodeos que sus cuerpos son de Dios y, por lo tanto, los creyentes deben honrar a Dios con sus cuerpos. Estamos llamados a administrar nuestros cuerpos como templos del Espíritu Santo. Si no nos preocupamos por nuestra salud, estamos descuidando el templo de Dios.

Por otro lado, Dios no se preocupa por nuestra apariencia física o nuestra salud de la forma en que a menudo nuestra sociedad lo hace. 1 Samuel 16: 7 dice: "La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón." Dios está más preocupado por nuestro bienestar espiritual y la condición de nuestro corazón espiritual que por nuestro bienestar físico. Por eso Pablo le dijo a Timoteo que el entrenamiento físico tiene algún valor, pero que el entrenamiento para la piedad tiene más valor (1 Timoteo 4: 8). Pablo no ignora la salud de Timoteo. De hecho, Pablo le ofreció a Timoteo una sugerencia médica (1 Timoteo 5:23). La salud física de Timoteo le importaba a Pablo, pero no era su máxima prioridad.

También sabemos que Dios nos ha dado mentes para usar. No se opone a los avances médicos ni a los estudios científicos. Dios nos hizo para desear el conocimiento. Parte de ser un buen administrador de los cuerpos y dones que Dios nos ha dado es aprender intencionalmente cómo usarlos mejor. Esto no significa que debamos seguir todas las modas de salud o incluso dedicar una gran cantidad de tiempo a buscar sugerencias de salud. Sin embargo, debemos estar al tanto de los hallazgos científicos y abordar el tema de nuestra salud con conocimiento.

Entonces, un enfoque equilibrado del ejercicio y la salud es lo que el cristiano debe practicar. Debemos hacer ejercicio, es bueno para nuestro cuerpo y también para nuestro estado de ánimo. Debemos cuidar nuestra salud. Sin embargo, en estas búsquedas no debemos perder de vista a Dios. La razón por la que nos preocupamos por nuestro cuerpo no es para prolongar nuestras propias vidas o ganar popularidad, sino que es porque valoramos y deseamos administrar bien el regalo de Dios para nosotros.



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