¿Acaso las advertencias bíblicas contra la apostasía suponen que la salvación no está garantizada eternamente?

La Biblia nos enseña que una persona que llega a una fe genuina en Cristo nunca puede separarse del amor de Dios. Romanos 8:38-39 resume esta verdad: "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Ahora bien, aunque nada puede separarnos del amor de Dios, la Biblia nos advierte firmemente contra la apostasía. ¿Por qué?

La razón por la que la Biblia habla contra la apostasía, o contra renunciar a la fe que se profesa, es porque hay muchas personas que dicen seguir al Señor y no lo hacen. Por ejemplo, Jesús respondió a los fariseos y escribas de Su tiempo con las palabras de Isaías, diciendo: "Este pueblo de labios me honra, Mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres" (Marcos 7:6-7). Aunque eran expertos en la ley de Dios, no conocían verdaderamente al Señor.

Mateo 7:21-23 es quizás el ejemplo más directo de los que dicen conocer a Dios, pero no lo hacen: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad". Jesús describió algunos indicadores poderosos externos mostrando que estas personas eran creyentes, pero esto no los hizo verdaderos creyentes.

Aunque estas personas profesaban con sus labios que Jesús es "Señor", Jesús no los conocía. Profetizaban, echaban fuera demonios y hacían milagros supuestamente en nombre de Dios, es decir, poderes sobrenaturales que normalmente caracterizan a alguien que camina cerca de Dios. Sin embargo, Jesús señaló que algunas personas podían incluso realizar las acciones espirituales más poderosas posibles (o al menos afirmar que lo hacían) y no ser verdaderos creyentes. Estas personas evidentemente daban una muestra de fe sin experimentar realmente la salvación. El resultado final para ellos fue la separación eterna de Cristo. En otras palabras, fueron juzgados como incrédulos. Aunque sus acciones eran externas, no tenían una fe genuina.

En 2 Corintios 13:5-6 el apóstol Pablo llamó a la iglesia de Corinto a examinarse a sí misma: "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados". No les dijo que se preocuparan por perder su salvación, sino que se aseguraran de haber creído correctamente en primer lugar. Las advertencias contra la apostasía en el Nuevo Testamento no se refieren a que una persona pierda la salvación, sino a estar seguros que una persona es creyente y a oponerse a otros que dicen ser creyentes, pero no lo son.



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