¿Acaso la Biblia permite la esclavitud?

No, la Biblia no aprueba la esclavitud. La Biblia reconoce la existencia de la esclavitud y la regulariza en el Antiguo Testamento e inicia su desaparición en el Nuevo. Ambos testamentos dan instrucciones a los dueños de esclavos con respecto a la esclavitud (Deuteronomio 15:12-15; Levítico 25:39-46; Efesios 6:5-9; Colosenses 3:22-4:1). Aunque Pablo menciona la preferencia de la libertad sobre la esclavitud, no le da mucha importancia al tema (1 Corintios 7:21-23). Para Pablo, el estatus espiritual es mucho más importante que la posición social. De buena gana se identifica a sí mismo como esclavo de Cristo (Romanos 1:1), y el propósito de toda su carta a Filemón es restablecer la relación de Filemón con su esclavo fugitivo, Onésimo, a quien Filemón debía recibir "como persona y como hermano en el Señor" (Filemón 1:16 NVI).

Había dos clases básicas de esclavos en los tiempos bíblicos. Los primeros eran aquellos capturados en la guerra. Los inteligentes gabaonitas evitaron la guerra ofreciéndose como siervos a los israelitas (Josué 9). El esclavo más común era el que se había vendido voluntariamente o había sido vendido por sus padres para pagar una deuda. En una época en la que no existían grandes ayudas del gobierno ni servicios sociales -ni grandes ofertas de tarjetas de crédito-, empeñar el propio trabajo era un medio de pago legítimo. No obstante, en algunos casos, el trabajo de un deudor era necesario para la supervivencia de su familia, y había que tomar decisiones difíciles. Si un padre dedicaba todo su trabajo a pagar una deuda, no podría mantener a su propia familia; entonces, en lugar de arriesgarse a que toda la familia muriera de hambre, un hombre solía dar al acreedor un hijo que trabajaría para saldar la deuda. La familia sobreviviría, y el niño vendido como esclavo al menos tendría sus necesidades básicas cubiertas (ver 2 Reyes 4:1).

Si la deuda era muy elevada, o si al siervo le gustaba su situación, se convertía en propiedad permanente del amo. Ahora bien, si el esclavo era judío, Dios ordenaba a los amos que lo trataran como a un asalariado (Levítico 25:39-40). Y, así como Dios proveía para la viuda y el huérfano, también cuidaba del esclavo. La Ley Mosaica concedía a los esclavos el derecho al día de reposo (Éxodo 23:12), exigía una compensación considerable por los abusos (Éxodo 21:20, 26-27, 32), otorgaba protección específica a las mujeres (Éxodo 21:7-11) y ordenaba que todos los esclavos fueran liberados en el Año del Jubileo (Levítico 25:39-41). Job afirma que Dios no sólo le hace responsable del bienestar de sus esclavos, sino que Dios no ve ninguna diferencia entre el amo y el esclavo (Job 31:13-15). Muchas veces, si un hombre no tenía heredero, sus bienes pasaban a su esclavo (Génesis 15:2-3). Estas concesiones no aprueban la práctica de que un ser humano se convierta en propietario de otro, pero sí contemplan el cuidado y la manutención de quienes no pueden mantenerse por sí mismos.

Está claro que la esclavitud mencionada en la Biblia era muy diferente de la esclavitud practicada durante los últimos cientos de años. La esclavitud de la Biblia era más parecida a la servidumbre por contrato que a la esclavitud moderna. El castigo bíblico por secuestrar a alguien y retenerlo o venderlo era la muerte; en otras palabras, la esclavitud involuntaria era un delito punible con la muerte (Éxodo 21:16). El secuestro y esclavitud sistemáticos de innumerables africanos en los siglos XV al XIX era absolutamente anti bíblico. Pablo menciona específicamente a los "traficantes de esclavos" y los llama transgresores, desobedientes, impíos, pecadores, irreverentes y profanos (1 Timoteo 1:8-10).

El problema de la esclavitud no ha desaparecido. Hoy en día hay más esclavos en el mundo que en todas las demás épocas de la historia juntas. Hoy lo llamamos "tráfico de personas", y es tan perverso como lo era cuando se colonizaba el Nuevo Mundo.

Este abuso es la antítesis del cuidado bíblico de los esclavos. Durante los últimos siglos, algunos miembros de la Iglesia se han doblegado ante la conveniencia y la economía y han rechazado las directrices bíblicas que protegen a los miembros más vulnerables de la sociedad. Algunos condenan la Biblia por su negativa a abolir la esclavitud. Sin embargo, el objetivo principal del Evangelio no era el cambio social general, sino el cambio espiritual individual. Cuando los corazones hayan cambiado lo suficiente, la sociedad cambiará. Sólo hace falta que haya suficientes Filemones que vean a un esclavo "como persona y como hermano en el Señor", para que desaparezca la esclavitud como práctica. Si el mundo siguiera la Biblia, los millones de víctimas del tráfico sexual serían liberadas y atendidas, y la gran mayoría de las víctimas del tráfico laboral estarían en casa con sus familias.

La esclavitud surge de una necesidad, ya sea real o imaginaria. En tiempos bíblicos, la necesidad era el pago de las deudas familiares. Hoy en día, la "necesidad" son los productos y el sexo baratos. Los estatutos de la Biblia hablan específicamente contra el abuso de cualquier persona, incluidos los esclavos. La Biblia también promueve prácticas laborales justas (1 Timoteo 5:18) y relaciones sexuales sanas (1 Corintios 7:2; Hebreos 13:4). Las leyes de Dios nos protegen en todo momento. Si siguiéramos esas leyes y amáramos de verdad a los demás (1 Juan 3:16), se aboliría de forma natural la esclavitud moderna.



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