¿Qué significa “velad y orad”?

La primera vez que Jesús les dijo a sus discípulos "velad y orad" fue en Lucas 21 cuando advirtió a sus discípulos que vivieran como si el fin de los días estuviera a la vuelta de la esquina. Él dice que muchos corazones serán abrumados con las cosas de este mundo y muchas personas se sorprenderán de que el fin haya llegado. Luego les dice a sus discípulos que estén atentos a estos tiempos y que oren por fortaleza.

La segunda vez que Jesús dijo "velad y orad" fue durante la noche antes de su crucifixión. Estaba en el jardín orando y quería que sus discípulos se unieran a él. Mientras oraba, nota que los discípulos se habían quedado dormidos. Les dijo que velaran y oraran para evitar la tentación (Mateo 26:41).

Hoy muchos hablan de nuestra necesidad de velar y orar. "Velar" es una palabra que significa tener una conciencia vigilante, como un centinela en la noche. Un centinela debe estar en guardia ante cualquier cosa que no funcione, por el avance del enemigo, por cualquier cosa que pueda amenazar su guardia. Por la noche, esta vigilancia es aún más pronunciada.

El velar, en este sentido espiritual de velar y orar, es ser consciente de las trampas del mundo. Jesús dijo que sus discípulos debían velar y orar para no caer en la tentación. También dijo: "[...] el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." (Mateo 26:41). Por extensión, Jesús nos advierte que estemos atentos a cualquier cosa en nuestra experiencia en la tierra que nos quite nuestra relación con Dios. Debemos permanecer en Cristo (Juan 15: 5) y desconfiar del enemigo de nuestra alma (2 Corintios 2:11).

1 Pedro 5: 8 advierte: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar". Efesios 6: 10–18 habla sobre la guerra espiritual e indica que la oración es parte vital de la armadura de Dios. Debemos velar al estar conscientes de las trampas del pecado y de los esquemas del Diablo; debemos orar porque es Dios quien tiene el poder y Él ha hecho de la oración el medio por el cual nos comunicamos con Él y recibimos Su fuerza.

Se nos advierte que en cualquier momento podríamos estar delante de Dios (Romanos 14:12; 1 Pedro 4: 5; Mateo 12:36). Velamos y oramos porque esperamos ansiosamente su regreso y para estar preparados cuando él venga (o cuando lo encontremos a través de nuestra propia muerte).

Se nos dice que siempre estemos orando y siempre dando gracias (1 Tesalonicenses 5: 16-18). Debemos orar por aguante y estar libres de distracciones (Hebreos 12: 1–2; Lucas 18: 1; Efesios 6:18). Estamos vigilantes ante el pecado y las trampas del enemigo. También buscamos la obra de Dios para ver lo que está haciendo, atentos a su llamado en nuestras propias vidas y alabándolo. Oramos porque hacerlo es un don de Dios y es el medio como permanecemos conectados a Él.



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