¿Qué dice la Biblia acerca de ser sumiso?

En nuestra cultura moderna celebramos la libertad, la igualdad y la individualidad, animando a las personas a pensar y actuar por sí mismas. Cuando escuchamos la palabra sumisión, nos estremecemos porque contradice esta forma de pensar. El someterse es ceder el poder o autoridad a otra persona. A menudo tiene la connotación negativa de alguien que se ve obligado a renunciar a su libertad y hacer algo que está en contra de su voluntad.

En consecuencia, cuando la gente lee la Biblia, suscita mucha controversia porque Dios hace múltiples mandatos que involucran sumisión. Es importante que empleemos la herramienta de la hermenéutica, estudiando la interpretación de los textos bíblicos, con el fin de comprender mejor lo que hubiera significado la palabra someterse en los idiomas y el contexto cultural en el que se escribió originalmente.

El Nuevo Testamento fue escrito en griego y el término griego usado para someterse es hupotasso. Hupotasso se usaba a menudo como un término militar que significaba someterse bajo el mando de un líder. Se presentó como una actitud voluntaria de cooperación y confianza en una figura de autoridad.

Según la Biblia, la máxima autoridad es Dios (1 Corintios 11: 3). Incluso Jesús, que es Dios, demostró sumisión al Padre. En Juan 6: 38–40 Jesús explica: "Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final. Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final." Al final de su vida en la tierra, cuando está orando en el Huerto de Getsemaní, vemos un poderoso acto de sumisión. Jesús oró: "Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: ‘Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú." (Mateo 26:39). Jesús sabía que estaba a punto de ser crucificado, pero eligió someterse al Padre, confiando en su plan para la salvación de la humanidad.

Está claro que los cristianos están llamados a seguir el ejemplo de Jesús en sumisión a Dios como la máxima autoridad (Lucas 6:46; 14:27; Juan 15: 1-17). Sin embargo, ¿por qué y cuándo deberíamos someternos a otras personas? Primero, la razón por la que debemos someternos a los demás es porque Dios lo ordena. 1 Pedro 2: 13-14 dice: "Sométanse por causa del Señor a toda autoridad humana, ya sea al rey como suprema autoridad, o a los gobernadores que él envía para castigar a los que hacen el mal y reconocer a los que hacen el bien." Ya que Dios les ha dado toda la autoridad humana, debemos someternos a los demás como lo haríamos a Dios (cf. Romanos 13: 1-7).

La Biblia nos da muchos ejemplos de quién debe someterse a quién. A las esposas se les dice que se sometan a sus esposos (1 Pedro 3: 1–6) y, a su vez, los esposos deben amar a sus esposas como a sí mismos (1 Pedro 3: 7; Efesios 5: 22–33). Los niños y los jóvenes deben someterse a sus padres y ancianos (1 Pedro 5: 5; Efesios 6: 1-3). Esto honra y respeta la sabiduría de los padres y los ancianos que proporciona estructura en la sociedad y una tutoría positiva. Los padres deben criar a sus hijos en la instrucción del Señor y no provocarlos (Efesios 6: 4). Los esclavos deben obedecer a sus amos (Efesios 6: 5-8) para que sus amos puedan convertirse en creyentes y entonces ya no serán esclavos y amo, sino hermanos en Cristo. Los amos deben tratar a sus siervos con justicia, entendiendo que ellos mismos tienen un Amo en el cielo (Colosenses 4: 1). Hoy estos mismos conceptos se aplican a los empleados y sus jefes. Finalmente, los cristianos deben someterse unos a otros (Efesios 5:21) para que puedan poner a los demás primero y cuidarnos los unos a los otros.

Sin embargo, ¿qué debemos hacer si las autoridades nos piden que desobedezcamos a Dios? En estos casos debemos someternos primero a la autoridad superior, que es Dios (Hechos 5:29). Esto a menudo conducirá a la persecución y tal vez incluso al martirio. Sin embargo, Dios nos ha puesto en estas situaciones para que podamos ser testigos de Su autoridad.



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