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¿Acaso Dios tiene emociones?

La existencia de las emociones es innegable, pero también es especialmente difícil de explicar con palabras. Respondemos a lo que pensamos, a lo que otros piensan de nosotros, a la realidad y a la imaginación, y a las cosas que experimentamos a lo largo de nuestra vida, con sentimientos que llamamos emociones. Estos sentimientos se sienten en el cuerpo, pero también parece que trascienden el cuerpo y la mente; son algo que experimentamos con nuestra alma, o espíritu. Dios no tiene un cuerpo como el nuestro (1 Juan 1:5; 2 Corintios 3:17; Apocalipsis 1:14-15) ni una mente como la nuestra (Isaías 55:8-9; Números 23:19). Sin embargo, la Biblia deja claro que Dios es un ser emocional, que siente y responde con emociones.

Algunas de las emociones que Dios siente son el amor (1 Juan 4:8; Juan 3:16; Jeremías 31:3) y el odio (Proverbios 6:16; Salmo 5:5; 11:5), los celos (Éxodo 20:5; Josué 24:19) y la alegría (Sofonías 3:17; Isaías 62:5; Jeremías 32:41). Siente dolor (Génesis 6:6; Salmo 78:40) y también se burla (Salmo 2:4; 37:13: Proverbios 1:26). Su corazón se mueve por la compasión (Salmo 135:14; Jueces 2:18; Deuteronomio 32:36).

¿Son estas emociones las mismas que las humanas? En otras palabras, ¿siente Dios exactamente lo que sentimos nosotros? Es mejor entender las emociones humanas como un reflejo de las emociones de Dios. En otras palabras, lo que sentimos es una "imagen" de lo que Él siente, de la misma manera que fuimos creados "a su imagen" (Génesis 1:27). Dios, como Creador, nos hizo de acuerdo a lo que ya existía dentro de Él. Para poder crear un ser con sentimientos, que pudiera sentir placer, entender el humor, llorar, tener celos o sentir compasión, tuvo que hacernos criaturas emocionales—criaturas que son un reflejo de Él mismo, un Dios que tiene emociones.

A veces tenemos reacciones equivocadas a causa del pecado (Jeremías 17:9), pero Dios nunca reacciona mal, porque no tiene pecado. Jesús sintió toda la fuerza de la tentación, igual que nosotros, pero no pecó (Hebreos 4:15). Jesús es la "imagen misma de su sustancia [de Dios]" (Hebreos 1:3) y esto es una prueba de que Dios tiene emociones. Jesús se lamentó por el rechazo de Israel (Mateo 23:37-39) y lloró por el dolor causado por la muerte (Juan 11:33-35). Sintió compasión por los perdidos espiritualmente (Marcos 6:34) y por los que sólo estaban cansados y hambrientos (Mateo 15:32). Anticipando la cruz, el dolor de Jesús llegó a ser tan grande que sudó gotas de sangre (Lucas 22:44). Lo que resulta más sorprendente es que, mientras estaba en la cruz, Jesús gritó: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mateo 27:46). Jesús era uno con el Padre (Juan 10:30; 14:9), así que sabía exactamente por qué Dios tenía que abandonarlo. Pero, aun así, Jesús gritó la pregunta. Esto demuestra que hasta el mismo conflicto humano entre la emoción y la razón es algo que Dios puede experimentar y que ya experimentó.

Las emociones pueden hacer que las personas cambien de opinión, se equivoquen y rompan sus promesas, sin embargo, las emociones de Dios no lo hacen volátil ni caprichoso. Él nunca cambia, y nunca miente (Números 23:19). Dios tiene emociones, y Sus emociones son siempre un reflejo de quién es Él: justo, verdadero y perfecto (Deuteronomio 32:4; 2 Samuel 22:31; Apocalipsis 16:7).

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