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¿Qué significa que la luz en las tinieblas resplandece (Juan 1:5)?

Juan 1:4-5 dice: "En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella". Las tinieblas se pueden ver como símbolo del mal y de la ignorancia de Dios y Su verdad, mientras que la luz se puede considerar como símbolo de la rectitud, la vida, la verdad y los caminos de Dios. Estos versículos presentan a Jesús como la luz que brilla en las tinieblas. El mundo está envuelto en la oscuridad del mal y la falsedad. Jesucristo es la luz justa que no sólo brilla en las tinieblas, sino que las disipa.

En Jesús no hay tinieblas: "Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él" (1 Juan 1:5). Tenemos la opción de seguir a Jesús y que Su luz nos guíe. Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida" (Juan 8:12, NTV, ver también Juan 12:46).

Cuando ponemos nuestra fe en Jesús como Señor, nos llenamos de Su luz. El apóstol Pablo describe esta transición de la oscuridad a la luz: "Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad)" (Efesios 5:8-9). Como hijos de la luz, llegamos a ser portadores de la luz de Cristo y rechazamos las tinieblas del pecado: "Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas" (Efesios 5:11).

La salvación que tenemos a través de Cristo hace que Su luz entre en nuestras vidas, y no sólo eso, sino que esta luz fluye de nosotros para compartirla con los que nos rodean. Jesús dijo: "Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5:14-16). Cómo vivimos y cómo amamos a los demás revela la luz de Cristo en nosotros (1 Juan 2:8-11). Pablo les recuerda a los creyentes el mensaje de Jesús de que somos una luz sobre un monte que no se puede ocultar (Filipenses 2:15).

La luz y la salvación de Dios que están presentes en nuestras vidas hacen que nunca tengamos que temer (Salmo 27:1) y que sepamos por dónde caminar (Salmo 119:105). Todo lo bueno que tenemos viene de Dios, y no hay peligro de que eso cambie: "Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación" (Santiago 1:17). Jesús es la luz que brilla en las tinieblas y la oscuridad no puede vencerlo. Cuando tenemos la luz de Jesús, no podemos ocultarla, ¡y por qué habríamos de hacerlo!

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