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¿La Biblia dice algo sobre etnocentrismo?

El etnocentrismo se define como la creencia en la superioridad inherente del propio grupo étnico o cultura, o la tendencia a ver a otros grupos desde la perspectiva de la propia. Según esta definición, etnocentrismo es otro nombre para el racismo. Si bien a veces puede parecer que el racismo basado en creencias etnocéntricas es único en la actualidad, en realidad ha afectado a la humanidad durante siglos y ha causado la muerte de millones.

Las actitudes etnocéntricas son contrarias a las Escrituras y desagradables a Dios. La Biblia deja en claro que el etnocentrismo es pecado. Los seres humanos de todas las razas, colores y orígenes étnicos descendieron de un hombre y una mujer. Como tal, todos somos hermanos y hermanas, hechos a imagen de Dios (Génesis 1: 26–27; 9: 6). Ciertamente, esa imagen está corrompida por el pecado, pero aún existe.

Ninguna otra parte de la creación está hecha a imagen de Dios. Negro, blanco, amarillo, moreno, masculino, femenino, chileno, mexicano, boliviano, alemán, francés, estadounidense, chino, etc. Todos los seres humanos comparten por igual la imagen de Dios. Nadie es superior a otro a los ojos de Dios. Es porque somos creados a Su imagen que Dios no muestra parcialidad o favoritismo (Deuteronomio 10:17; Hechos 10:34). No es parcial a una raza o grupo étnico sobre otra. No muestra favoritismo a un grupo sobre otro. Nosotros tampoco deberíamos.

La prueba de la imparcialidad de Dios se muestra en el sacrificio de Cristo en la cruz para la salvación de toda la humanidad. Jesús no murió por una raza o grupo étnico. Más bien, con su muerte, "…[compró] para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación" (Apocalipsis 5: 9). Jesús vino a salvar al mundo, tanto judíos como gentiles. Pablo confirma esto diciendo: "Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28) y "no hay griego ni judío, circunciso ni incircunciso, culto ni inculto, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos."(Colosenses 3:11).

Además de salvar a personas de todas las naciones y grupos étnicos, Jesús también destruyó todas las barreras de raza y etnia con su muerte en la cruz. "Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba" (Efesios 2:14). La barrera a la que se refiere Pablo es la que separa al hombre de Dios, la barrera del pecado. Los "dos" que hizo uno son judíos y gentiles. Con su muerte, destruyó el muro que separaba a todas las personas de Dios.

El etnocentrismo, por otro lado, intenta levantar las mismas barreras que Cristo destruyó, enfrentando a un grupo contra otro y resultando en discriminación, intolerancia y racismo. En lugar de vernos a nosotros mismos como parte de una humanidad, el etnocentrismo nos divide y nos separa unos de otros.

No hay lugar en los corazones de los cristianos para las actitudes etnocéntricas, que son contrarias a la Palabra de Dios. Jesús ordena a sus seguidores que se amen unos a otros como él nos ha amado (Juan 13:34), y no podemos obedecer ese mandato cuando mantenemos actitudes etnocéntricas hacia los demás.

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