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¿Cómo debe responder un cristiano a una crisis financiera?

Nuestro mundo moderno se basa en la economía. El dinero es una fuerza impulsora detrás de la política y la cultura. Cuando golpea una crisis financiera, todos sienten el impacto, ya sea a nivel nacional o personal.

Como cristianos, debemos considerar cuidadosamente cómo responderemos cuando golpee una crisis financiera. Aunque todavía vivimos en este mundo, ya no somos parte de este mundo y debemos optar por reaccionar de manera diferente a otras personas ante las dificultades. Lo más importante que podemos hacer es confiar en la fidelidad de Dios. Dios es el que creó todas las cosas. Él es quien puede dar y luego quitar. Nos equipó con nuestro conjunto de habilidades únicas, nos brindó oportunidades para aprender y nos abrió las puertas para el empleo. El dinero no nos protege ni cubre nuestras necesidades; Dios lo hace (Mateo 6: 31–34; Lucas 12: 22–31). "Los leoncillos se debilitan y tienen hambre, pero a los que buscan al Señor nada les falta." (Salmo 34:10).

Con una base de confianza en Dios establecida, podemos dar algunos pasos prácticos en respuesta a una crisis financiera. Podemos empezar reflexionando sobre cómo llegamos a nuestra situación actual. Es importante preguntarnos si hemos pecado y, como consecuencia, nos pusimos en esta situación. Si ese es el caso, debemos arrepentirnos y orar por perdón. También debemos considerar cómo manejamos nuestro dinero. Si lo hemos manejado de manera irresponsable, deberíamos hacer cambios para administrar mejor nuestras finanzas en el futuro. Dios puede usar este momento difícil para enseñarnos y ayudarnos a madurar más en nuestra fe.

Después de reflexionar, deberíamos hacer un plan para seguir adelante. Probablemente tendremos que hacer algunos cambios. Esto puede requerir que limitemos nuestros gastos en cosas no esenciales, busquemos más educación o consigamos un nuevo trabajo. Es posible que tengamos que humillarnos y aceptar ayuda durante un período de tiempo hasta que podamos recuperarnos. Además, debemos establecer planes de inversión y ahorro para prepararnos para futuros reveses financieros.

Es muy probable que las cosas no mejoren de la noche a la mañana. Es fundamental que recordemos nuestras bendiciones y demos gracias por lo que tenemos. Además, debemos seguir ayudando a los demás en la medida de nuestras posibilidades. Una crisis financiera no es un momento para que nos preocupemos como lo hace el mundo. En cambio, es una oportunidad para que seamos testigos de la máxima autoridad de Dios sobre la tierra al confiar en que Él proveerá para nuestras necesidades (Filipenses 4: 11-20).

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