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¿Aparece Jesús en el Antiguo Testamento?

La Biblia contiene 66 libros escritos por unos 40 autores diferentes en un período de unos 1.500 años. Se divide en el Antiguo Testamento, donde se narra la creación y la relación entre Dios y el reino de Israel, y el Nuevo Testamento, donde se narra la vida de Jesucristo y se predice lo que está por venir. Todas estas piezas se unen para crear una historia global: el plan de Dios para redimir a Su creación. En cada una de las facetas de esta historia está Jesucristo vivo y presente.

La primera evidencia de Jesús en el Antiguo Testamento se encuentra en unas 300 profecías mesiánicas. El pueblo judío creía que Dios enviaría al Mesías, o ungido, que redimiría a Israel. Durante Su vida en la tierra, Jesús Se identificó como el Mesías y cumplió las profecías (Lucas 4:17-21; Juan 4:25-26). Jesús dijo a Sus discípulos: "Porque os digo que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y fue contado con los inicuos; porque lo que está escrito de mí, tiene cumplimiento" (Lucas 22:37).

Algunas de las profecías del Antiguo Testamento hacen referencia al nacimiento de Jesús. Nacería en Belén (Miqueas 5:2; Mateo 2:1-7; Juan 7:42; Lucas 2:4-7). Su madre sería virgen. Isaías dijo: "Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel" (Isaías 7:14; Mateo 1:18-25; Lucas 1:34). Otras profecías hablan de Su ministerio en la tierra (Génesis 3:15; Isaías 61:1). Por último, hay profecías que predicen la muerte y resurrección de Jesús. Es inocente y, sin embargo, condenado a ser crucificado en la cruz. Le traspasarían las manos y los pies, pero no le quebrarían ningún hueso (Salmo 22; Éxodo 12:46; Juan 19). Por último, después de la crucifixión resucitaría de entre los muertos (Isaías 53:9-10; Salmo 2:7; 16:10; Mateo 28; Hechos 2:23-36; 13:33-37; 1 Corintios 15:3-8).

También vemos a Jesús en el Antiguo Testamento cuando se apareció a la gente antes de encarnarse, lo que se conoce como cristofanía. Se le conoce como el Señor o el Ángel del Señor y aparece en forma humana. El ángel del Señor habló con Agar cuando estaba embarazada de Ismael (Génesis 16:7-14). El Señor se reunió con Abraham diciéndole que Sara concebiría un hijo, y Abraham intercedió en favor de Sodoma (Génesis 18). También el rey Nabucodonosor lo vio dentro del horno de fuego con Sadrac, Mesac y Abednego (Daniel 3).

Jesús está en el Antiguo Testamento en los personajes y objetos bíblicos que prefiguran Su vida y obra, algo que se conoce como tipología. En muchos sentidos, Moisés fue un precursor de Jesús, al liberar al pueblo de la esclavitud y llevarlo a la libertad. Otros personajes con historias similares a la de Cristo son José, Josué, Booz y el rey David. La compleja estructura del tabernáculo en el campamento israelita prefiguraba lo que Jesús significaría para el mundo. El altar del atrio señala Su sacrificio por nuestros pecados. El lavacro simboliza el agua viva que Él da (Juan 4:14), y el pan de la proposición que Él es el pan de vida (Juan 6:35). El candelabro ilustra que Jesús es la luz del mundo (Juan 9:5), y el altar del incienso es Él intercediendo a nuestro favor (Romanos 8:34; Hebreos 7:25). El velo representa Su carne humana, que se rasgó para que pudiéramos tener una relación íntima con Dios (Hebreos 10:20).

En el Antiguo Testamento también hay hechos concretos que representan a Jesús. En Génesis 22, Dios le ordena a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac como holocausto. Abraham obedece a Dios y lleva a su hijo a una montaña y prepara el altar. Justo cuando está a punto de matar a su hijo, el Ángel del Señor le dice: "No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único" (Génesis 22:12). Dios provee un carnero para que Abraham lo sacrifique en lugar de Isaac y nuevamente promete bendecir a Abraham con descendientes tan numerosos como la arena del mar. Este acontecimiento prefigura la muerte de Jesús en la cruz. Como Hijo de Dios, Él sería el sacrificio que Dios ofrecería para expiar los pecados del mundo.

En el Antiguo Testamento todo hace referencia a Jesús. La caída de la humanidad en el pecado nos separó de Dios. Mediante el pacto con Abraham, Dios estableció una relación con la nación de Israel para que se apartara del mundo y estuviera preparada para llevar la buena nueva del Evangelio a los perdidos. Finalmente, Jesús vino como el Mesías para establecer un nuevo pacto que proporcionara un camino para estar con Dios por la eternidad a aquellos que pusieran su fe en Él.

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