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¿Por qué dice Balaam que 'Dios no es hombre' (Números 23:19)?

Balaam fue un profeta que se menciona por primera vez en Números 22, y en una conversación con Balac, el rey de Moab, Balaam dijo: "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta" (Números 23:19). Aunque Balaam era malvado (ver 2 Pedro 2:15), su afirmación de que "Dios no es hombre" es cierta.

Anteriormente, el rey Balac le había pedido a Balaam que pronunciara una maldición sobre Israel, pero Dios le dijo a Balaam que no fuera con Balac ni maldijera a Israel porque los israelitas estaban bendecidos (Números 22:12). Balac volvió a instar a Balaam para que fuera con él y maldijera a Israel, tentando a Balaam con promesas de honrarle abundantemente (Números 22:17). Una vez más, Balaam se negó, pero hizo una petición a Dios (Números 22:18-19). Dios permitió que Balaam fuera con Balac, aunque reiteró que Balaam no podía maldecir a Israel (Números 22:20). Balaam ya había recibido instrucciones de no ir, pero a pesar de todo decidió seguir la oferta de Balac (aparentemente, la tentación de las riquezas y el honor era muy grande). En un episodio notable, el Ángel del Señor se interpuso en el camino para evitar que Balaam fuera, y el asna que Balaam montaba vio al ángel y trató de tomar un camino diferente. Después de repetirlo varias veces, Balaam golpeó a su asna, y ésta finalmente se acostó (Números 22:22-27). Sorprendentemente, Dios permitió que el animal hablara (Números 22:28-30) y que Balaam viera y hablara con el Ángel del Señor (Números 22:31-35). Balaam reconoció que había pecado contra Dios, pero Dios se apiadó de él y le permitió continuar su viaje.

En Números 23 se registran las profecías de Balaam, incluyendo la declaración de Balaam de que "Dios no es hombre" (Números 23:19). En primer lugar, Balaam reconoció que no podía denunciar y maldecir lo que Dios no había denunciado ni maldecido (Números 23:8), y por eso bendijo a Israel (Números 23:9-12). Una vez más, el rey Balac pidió una maldición sobre Israel, y por segunda vez Balaam recibió la palabra del Señor y dijo: "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?" (Números 23:19).

Al decir que "Dios no es hombre, para que mienta", Balaam estaba diciendo que Dios cumpliría lo que dijo que haría. Dios había prometido la bendición para el pueblo de Israel, remitiéndose a Su pacto con Abraham (Génesis 12:2-3) que más tarde amplió y trazó a través del hijo de Abraham, Isaac, y su nieto, Jacob (a quien Dios le puso el nombre de Israel). Dios no cambiaría de opinión sobre el cumplimiento de Sus promesas como podría hacerlo cualquier hombre; por el contrario, cuando da Su palabra, la cumple.

Aunque Balaam sabía que Dios no es un hombre que mienta y que Israel había sido bendecido, eso no le impidió trabajar contra Israel. Posteriormente, Balaam cayó en otra tentación, y aconsejó a Israel que cometiera idolatría con Moab (Números 25:1-3; 31:16)—si Balaam no podía maldecir a Israel por el rey de Moab, al menos podía hacer que Israel viviera con los moabitas (algo que Dios les había dicho que no hicieran).

La historia de Balaam no tuvo un final feliz (ver 2 Pedro 2:15, Judas 1:11 y Apocalipsis 2:14) porque no obró con la convicción de que Dios cumpliría Su palabra. Dios había advertido a Israel que no hiciera las cosas que Balaam les animaba a hacer. Aunque Balaam conocía la verdad, era como un oidor de la palabra, pero no un hacedor de la misma (Santiago 1:22). Podemos aprender del ejemplo negativo de Balaam. "Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta" (Números 23:19). Cuando Dios nos advierte que no hagamos algo, lo dice en serio, y tenemos que hacer caso a lo que ha dicho.

Además, la verdad de que Dios no es un hombre que mienta es muy reconfortante; las promesas que Dios nos ha hecho—que nunca nos dejará ni nos abandonará (Hebreos 13:5) o que nos dará sabiduría si pedimos con fe (Santiago 1:5), por ejemplo—son seguras. Él cumplirá Su palabra con nosotros. Él es fiel y cumple Sus promesas, no sólo de juzgar sino de mostrar misericordia y gracia.

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