¿Cuál es la presencia manifiesta del Espíritu Santo?

La palabra "manifiesto" se define como "claro u obvio para el ojo o la mente". La presencia manifiesta de Dios es lo que los creyentes ven y saben de él. Esto es diferente de la omnipresencia de Dios. El significado de la palabra omnipresencia es "presente en todas partes". Es un atributo clave de Dios. Dios está en todos los lugares simultáneamente. No hay lugar donde el Espíritu de Dios no esté presente. Como dijo David:

“¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?
¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo,
allí estás tú;
si tendiera mi lecho en el fondo del abismo,
también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba,
o me estableciera en los extremos del mar,
aun allí tu mano me guiaría,
¡me sostendría tu mano derecha!"(Salmo 139: 7-10).

La omnipresencia de Dios no es alterada por el observador. Él está allí, ya sea que lo sepamos y lo veamos, o no. Los incrédulos pueden negar su existencia, pero eso no cambia el hecho de que Él es omnipresente. La presencia manifiesta de Dios, por otro lado, es algo que a veces se experimenta y otras veces no.

Hay muchos ejemplos de la presencia manifiesta de Dios en la Biblia. Dios se hizo manifiesto a Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3). Dios, el Hijo, se nos manifestó en la persona de Jesucristo (Juan 1:14). El Espíritu Santo se manifestó a los creyentes en Pentecostés (Hechos 2: 2–4). La presencia manifiesta de Dios apareció con Daniel y sus compatriotas cuando fueron arrojados al horno de fuego porque no adoraban la imagen de Nabucodonosor (Daniel 3: 24–25). Incluso los ojos del rey Nabucodonosor se abrieron y vio la presencia manifiesta de Dios.

La presencia manifiesta de Dios no es necesariamente, o incluso generalmente, algo que se experimente empíricamente. Es decir, no puede ser percibido por los sentidos o registrado por algún medio físico. Pero sin embargo, se experimenta. Se siente en el inexplicable consuelo que Dios da en medio de la tragedia. Se experimenta en la oración contestada. Se experimenta en vidas cambiadas.

El Espíritu Santo está siempre con los creyentes, morando en nosotros (1 Corintios 6:19). Él nunca nos dejará (Juan 14:16). Él es la garantía de nuestra salvación y nuestra herencia en el cielo (2 Corintios 1:22; Efesios 1:14). Por lo tanto, el hecho de su presencia en nuestras vidas nunca cambia, sin embargo, nuestra conciencia de su actividad en nuestras vidas podría hacerlo.

La diferencia entre la presencia manifiesta del Espíritu Santo y la omnipresencia de Dios es que la omnipresencia de Dios siempre está ahí, a pesar de que no siempre podemos sentirla. En otras palabras, la presencia de Dios está en todas partes, en todo momento, y con todos nosotros, creyentes e incrédulos por igual. Del mismo modo, su Espíritu Santo mora en los creyentes en todo momento. Pero su presencia manifiesta es algo que ocurre en nuestras vidas cuando Él elige revelarse a sí mismo. Es la apariencia a la mente humana u ojo de la realidad de Su omnipresencia y cuidado continuo, "[...] porque Dios ha dicho: Nunca te dejaré; jamás te abandonaré" (Hebreos 13: 5).



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