¿Por qué orar? ¿Cuál es el propósito de la oración?

En cierto modo, la oración es uno de los aspectos más misteriosos del andar cristiano. Nos preguntamos si Dios realmente escucha nuestras oraciones, si nuestras oraciones tienen un efecto en nuestras vidas, sobre qué es aceptable orar, cómo debemos orar, y así sucesivamente. Entonces, ¿por qué lo hacemos? Muchas razones.

Oramos porque es un privilegio. Dios está muy por encima de nosotros, completamente santo y solo comprensible en la medida en que Él se nos revela. La oración es su invitación a conocerlo. Dios nos permite acercarnos a Él. De hecho, Él lo desea. La oración es nuestra manera de comunicarnos con Dios. Así como los amigos y los miembros de la familia pasan tiempo hablando entre ellos para profundizar sus relaciones, la oración profundiza nuestra relación con Dios.

Podemos ejercer el privilegio de la oración porque Jesús ha hecho un sacrificio por nosotros: Él cierra la brecha entre Dios y nosotros. Hebreos 4: 15-16 se refiere a Jesús como nuestro Sumo Sacerdote: “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos." Gracias a Jesús, somos libres de orar y de orar audazmente.

Oramos también porque se nos manda a hacerlo. El Salmo 100: 4 dice: "Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con himnos de alabanza; denle gracias, alaben su nombre." Agradecer a Dios, alabarlo y bendecirlo son todos aspectos de la oración. Mateo 7: 7-11 registra las instrucciones de Jesús de pedir, buscar y llamar. Cuando oramos, esto es lo que estamos haciendo. Mateo 6: 5-13 describe a Jesús enseñando a los discípulos a orar. Comienza el discurso diciendo: "Cuando oren …". Se asume la oración; Es algo que haremos. En 1 Tesalonicenses 5:17, Pablo escribe: "Oren sin cesar". Filipenses 4: 6 dice: "No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias." La oración debe ser parte de nuestras vidas. Jesús dejó un gran ejemplo de oración a seguir. Los evangelios mencionan varias veces que Jesús oró. Juan 17 es quizás uno de los mejores ejemplos. Si Jesús (quien es Dios) oró al Padre, ¿cuánto más deberíamos nosotros hacerlo?

La oración nos acerca a Dios y es un medio por el cual lo alabamos, pero también tiene un efecto en nuestras vidas. Santiago 1: 5 dice: "Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie." La oración nos puede llevar a la sabiduría. Primera de Pedro 5: 6-7 dice: "Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo. Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes." La oración puede aliviar nuestra ansiedad. Mateo 7: 7-8 dice: "Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre." Cuando nos acercamos a Dios con los deseos de nuestro corazón, Él nos responde (véase también el Salmo 37: 4; Juan 14: 13-14; y 1 Juan 5: 14-15).

La oración es tanto una interacción íntima con Dios como un evento corporativo. Aporta gloria a Dios, nos da una idea de quién es Él y tiene un efecto tangible en nuestras vidas. La oración es un privilegio y una disciplina espiritual que vale la pena desarrollar.



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