Varias líneas de evidencia apoyan la naturaleza histórica y factual de la resurrección de Jesús. La primera es la tumba vacía. Los estudiosos del Nuevo Testamento coinciden ampliamente en la autenticidad de la afirmación evangélica de que los testigos encontraron vacía la tumba de Jesús aquella primera mañana de Pascua. Este informe tiene una fecha muy temprana y encaja bien con lo que se conoce de la época arqueológica y culturalmente.
Si los judíos o los romanos hubieran encontrado el cuerpo de Jesús, el cristianismo habría sido refutado inmediatamente; pero la resurrección nunca fue cuestionada, y mucho menos refutada, por los enemigos contemporáneos de Jesús.
En segundo lugar, Jesús se apareció a numerosos testigos oculares después de Su muerte y resurrección, lo que desacreditó la teoría del cuerpo robado. Los testigos afirmaron haber visto, oído y tocado al Cristo resucitado. En tiempos de Pablo, la mitad de estos testigos seguían vivos (1 Corintios 15:6).
Otras dos pruebas de la resurrección que nos afectan hoy son la aparición de la iglesia cristiana y el domingo como día de culto. Pocos años después de la crucifixión de Jesús, el cristianismo dominó todo el Imperio romano y, a lo largo de dos milenios, prácticamente toda la civilización occidental. El cristianismo desarrolló una identidad cultural y teológica distinta del judaísmo tradicional en un breve espacio de tiempo y en medio de una intensa resistencia, a veces mortal. El hecho de la resurrección de Jesucristo es la única explicación razonable del surgimiento de la singular fe cristiana.
El día de culto judío, o Sabbat, comenzaba al anochecer del viernes y terminaba al anochecer del sábado. Sin embargo, la iglesia cristiana primitiva cambió gradualmente el día de culto. El domingo conmemoraba la resurrección de Jesús de entre los muertos, un acontecimiento que transformó el culto y distinguió la fe cristiana del judaísmo tradicional. Aparte de la resurrección, no existía ninguna razón para que los primeros seguidores de Jesús consideraran que el domingo tuviera un significado duradero.
La resurrección es la prueba de quién es Jesús y de que cumplió lo que se propuso hacer: proporcionar el único medio de redención para la humanidad. Jesús venció a la muerte y nos dice que solo Él es “el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6) y que nadie llega al Padre si no es por Él.