Dios creó el mundo bueno (Génesis 1). Sin embargo, el pecado lo cambió todo (Génesis 3). El pecado te separó de Dios y trajo muerte y destrucción para toda la humanidad (Romanos 5:12; 6:23). Sin embargo, Dios declaró el plan de salvación inmediatamente después de que Adán y Eva pecaran (Génesis 3:15), y desplegó este plan a lo largo de la historia de la humanidad.
Jesús mismo, el Creador del universo (Juan 1:1-3; Colosenses 1:16), vino y murió en tu lugar para que pudieras ser reconciliado con Dios (Filipenses 2:6-11) y perdonado de tus pecados. Dios demostró Su amor por ti al morir Cristo por ti aun cuando todavía eras Su enemigo (Romanos 5:8). El plan de salvación es solo a través de Cristo (Juan 14:6). Todos los que crean en Él se salvarán (Hechos 16:31).
El plan de salvación es hoy el mismo de siempre: Dios prometió ser el camino de salvación, y Él proveyó ese camino mediante la muerte y resurrección de Jesús. Todos los que se acercan a Dios por medio de Jesús en busca de salvación serán salvos. La salvación no se puede encontrar en nada que hagas; no se puede ganar. No hay muchos caminos de salvación. No puedes creer sinceramente en otra cosa para ser salvo. El único plan de salvación es creer en Jesús, confiando en Su muerte y resurrección para el perdón de tus pecados.
Segunda de Corintios 6:2 enseña: “He aquí ahora el día de salvación”. Nadie sabe cuánto tiempo vivirá. No debes demorarte, sino poner tu fe en Jesús y ser salvo ahora mientras hay tiempo. Como enseñó Juan el Bautista: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2).
¿Necesitas la salvación? ¿Estás listo para poner tu fe en Jesucristo como tu Salvador y recibir este don gratuito de la vida eterna? Si es así, hazlo ahora. No hay ninguna oración especial que debas orar para hacerlo. Romanos 10:9 dice:
“que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo”.
La siguiente oración es una manera en que podrías hacer esta confesión con tu boca:
“Querido Dios, me doy cuenta de que soy un pecador y que nunca podría alcanzar el cielo por mis propias buenas obras. Ahora mismo pongo mi fe en Jesucristo como Hijo de Dios que vivió una vida sin pecado, murió en mi lugar para cubrir mi pecaminosidad y resucitó de entre los muertos para darme la vida eterna. Por favor, perdóname mis pecados y ayúdame a vivir para Ti. Gracias por aceptarme y darme la vida eterna”.
¿Has tomado una decisión por Cristo gracias a lo que has leído aquí? Si es así, haz clic en el botón “Hoy he aceptado a Cristo” que aparece a continuación.