¿Qué dice la Biblia?
La declaración de Josué de que "«...pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR»" se produce como una especie de despedida de los israelitas antes de su muerte (Josué 24:15). Después de conducirlos a la Tierra Prometida y ser testigo de la fidelidad de Dios al darles la victoria sobre sus enemigos, Josué reunió a las tribus en Siquem. Les recordó la fidelidad de Dios en el pasado, desde la llamada de Abraham hasta su liberación de Egipto y la conquista de Canaán. Josué desafió al pueblo a tomar una decisión clara: servir al SEÑOR o a otros dioses. Su declaración: "«...pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR»" constituyó un ejemplo de devoción inquebrantable, que instaba a los israelitas a comprometerse plenamente con Dios en lugar de vacilar en la idolatría o la incredulidad. Por desgracia, los israelitas no habían confiado en el Señor, y Dios impidió a la generación que había sacado de Egipto entrar en la Tierra Prometida a causa de su incredulidad (Números 13-14). Sólo Josué y Caleb confiaron en Dios lo suficiente como para creer que Él daría a los israelitas la victoria sobre Canaán como había prometido. Sus hijos acabarían conquistando Canaán bajo el liderazgo de Josué. Al final de su vida, Josué expuso las opciones ante el pueblo: servir al Señor y ser bendecido o servir a dioses extranjeros y ser maldecido. Josué reafirmó su elección de servir al Señor, afirmando su plena confianza en que Dios cumpliría Sus promesas (Josué 24:15). La confianza de Josué en el Señor y su devoción incondicional a Él nos anima a decir también: "«...pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR»."