¿Qué cosas pueden ser obstáculos para la oración?

Jesús les dijo a sus seguidores: "Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá." (Lucas 11: 9). La oración es una herramienta increíble que Dios nos ha dado para que podamos comunicarnos personalmente y construir una relación íntima con Él. Nos capacita para hablar directamente con Dios, adorar Su soberanía, alabarlo por Sus bendiciones, conocerlo mejor, compartir nuestro corazón con Él y pedirle que cumpla nuestros deseos y necesidades.

La oración es un privilegio otorgado a todos los que son hijos de Dios. Pero hay algunas cosas que pueden dificultar nuestras oraciones. Aquí hay algunos obstáculos comunes para una vida de oración saludable y los pasos que puede seguir para superarlos.

Pecado no confesado

El pecado no confesado puede crear una barrera entre nosotros y Dios en nuestra vida de oración (Isaías 59: 2). Nuestro pecado nos hace vivir de acuerdo con nuestros deseos carnales y no en el Espíritu. Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, nos convertimos en una nueva creación y nuestros pecados son perdonados (2 Corintios 5:17; Colosenses 1: 13–14; Efesios 1: 7). Sin embargo, todavía vivimos en el mundo y en nuestros cuerpos humanos; en consecuencia, continuaremos siendo tentados y pecaremos. Aunque Dios ha perdonado todos nuestros pecados del pasado, presente y futuro, todavía desea que confesemos y nos arrepintamos de nuestros pecados a medida que suceden (Jeremías 31:34). 1 Juan 1: 9 promete: "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad."

Motivos egoístas

Como humanos somos muy egoístas y nuestra vida de oración no es una excepción. A menudo oramos únicamente por las cosas que queremos sin tener en cuenta la voluntad de Dios o las necesidades de otras personas (Santiago 4: 1–4). Si bien no es malo pedirle a Dios las cosas que deseamos, siempre debemos orar en la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús (1 Juan 5:14; Lucas 22:42). Con esta mentalidad, comenzaremos a comprender el panorama más amplio de lo que Dios está haciendo en el mundo y cómo nuestras vidas individuales son parte de ese plan. Además, nos ayudará a someternos en obediencia a Su voluntad. También debemos acostumbrarnos a orar por los demás (Filipenses 2: 3–4). Esto ayudará a transformar nuestros corazones para enfocarnos en cuidar y llegar a otras personas.

Falta de perdón

En Mateo 6: 14–15 Jesús dice: "Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas." Unos capítulos más tarde, Jesús cuenta la parábola del siervo despiadado (Mateo 18: 21–35). En esta parábola, un rey perdona la deuda sustancial de su siervo en lugar de venderlo. Luego el sirviente se niega a perdonar a su compañero de servicio una deuda mucho menor y lo pone en la cárcel. El rey se entera de esto y dice: "¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y, enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía." (Mateo 18: 33–34). Jesús dijo que Dios haría lo mismo. No podemos esperar que Dios conteste nuestras oraciones, particularmente para el perdón relacional, si nosotros mismos no estamos dispuestos a perdonar. Al perdonar a los demás, y también a nosotros mismos, por las malas acciones, permitimos que Dios sea el juez.

Incredulidad

La duda en la capacidad de Dios para responder nuestras oraciones es un obstáculo (Santiago 1: 6–7). La oración requiere fe. Cuando oramos, estamos reconociendo que Dios es capaz de responder nuestra oración, pero al mismo tiempo nos sometemos a la voluntad de Dios y comprendemos que Él puede elegir responder o no la oración de la manera que queremos que lo haga. No obstante, debemos orar creyendo que Dios puede responder y responderá de acuerdo a su voluntad. Un gran ejemplo de tal fe lo demuestra el centurión romano que creía que Jesús podía sanar a su siervo simplemente con solo decir una palabra y sin tener que entrar en su casa (Mateo 8: 8).

Conflicto matrimonial

Pablo nos dice que el conflicto en un matrimonio puede impedir nuestra vida de oración. Esto se debe a la falta de obediencia en cómo debemos actuar el uno con el otro. Él alienta a los esposos y esposas a amarse y respetarse unos a otros en obediencia a Dios para que puedan tener una vida de oración saludable (1 Pedro 3: 7; Efesios 5: 22–24).

Ídolos

Cuando hacemos de otros dioses o cosas una prioridad en nuestra vida ante Dios, interfiere con nuestra vida de oración (Ezequiel 14: 3). Establece claramente en los Diez Mandamientos: "No tengas otros dioses además de mí" (Éxodo 20: 3). Cada vez que los israelitas deciden adorar a otros dioses, Dios elige no escuchar sus oraciones hasta que se arrepienten. En consecuencia, pasaron cuarenta años vagando por el desierto antes de entrar en la Tierra Prometida y luego fueron exiliados de la Tierra Prometida. Sin embargo, cuando se arrepintieron, Él una vez más respondió a sus oraciones y restauró su nación.

Guerra espiritual

Un obstáculo para la oración que no es el resultado de nuestra naturaleza pecaminosa es la guerra espiritual. El Diablo sabe que ha perdido la guerra por nuestra alma una vez que nos convertimos en creyentes, pero hará todo lo posible para evitar que vivamos la vida que Dios desea para nosotros. Daniel enfrentó mucha guerra espiritual cuando Dios le estaba hablando acerca de los últimos tiempos. No obstante, Daniel continuó en oración y ayunó hasta que escuchó de Dios nuevamente (Daniel 10). La persistencia, el ayuno, la oración en el Espíritu y la oración en comunidad son formas de orar de manera efectiva en medio de la guerra espiritual.



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