No podemos concebir un mundo sin comunicación. Dios ha elegido el arte del lenguaje, en particular el lenguaje hablado, como medio para desarrollar la relación con Su creación. El valor que Dios da al lenguaje, Su historia con él y diversos pasajes bíblicos indican que habrá un lenguaje en el cielo, aunque no sabemos cómo será.
En el cielo se hablará una lengua, y si aceptamos que las múltiples lenguas que experimentamos en la tierra son todas representaciones imperfectas de la realidad, ninguna de ellas puede ser la lengua que hablaremos en ese lugar perfecto. Aunque la Biblia no aborda esto directamente, hay tres pasajes que implican tanto el uso de la lengua como una mejora significativa de la misma. Isaías 62:2 indica que Israel “Y te llamarán con un nombre nuevo Que la boca del SEÑOR designará.”, mientras que Apocalipsis 3:12 indica que el propio Jesús tendrá un nombre nuevo. Por último, Apocalipsis 2:17 dice: "Al vencedor... le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe».” Cada uno de estos pasajes indica un “nuevo” sistema de nombres, y uno muy especial por cierto.
El aspecto que tendrá y cómo se sentirá el cielo es quizá el mayor lienzo en blanco que se puede encontrar para la mente creativa. La declaración de que el cielo es como "sino como está escrito: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman»." (1 Corintios 2:9) nos da tanto una enorme libertad para imaginar como el conocimiento de que nunca lo entenderemos del todo mientras estemos aquí en la tierra. Así, puedes creer que Dios permitirá que el lenguaje, junto con cualquier otra parte de la vida, sea perfeccionado de nuevo, pero no tienes ni idea de cómo será realmente... o cómo sonará.