¿En qué sentido la salvación no es acerca de obras considerando que se exige fe?

El famoso pastor británico del siglo XIX Charles Spurgeon explicó una vez que cuando somos salvos, primero pensamos que fue porque decidimos seguir a Cristo. Sin embargo, a medida que entendemos nuestro pecado y la grandeza de Dios, nos damos cuenta de que nunca hubiéramos elegido seguirlo a menos que Él hubiera colocado primero el deseo dentro de nosotros. Esta ilustración describe con precisión lo que la Biblia comunica con respecto a nuestro papel humano en la salvación. Somos salvos por la gracia de Dios sobre nosotros que nos lleva a poner nuestra fe en Él.

La fe no es una obra propia porque es algo que Dios debe hacer dentro de nosotros. Por nosotros mismos somos pecadores y nunca elegiríamos a Cristo aparte de que él nos llevara a sí mismo. De hecho, cuando nos damos cuenta de hasta qué punto Dios ha trabajado para ofrecernos la salvación libremente, nos damos cuenta de que no podemos atribuirnos mérito por nuestra salvación. Todo ha sido por iniciativa de Dios.

Primero, el amor de Dios es el iniciador: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Juan 3:16).

Segundo, Jesús es el autor de nuestra fe: "Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien, por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios." (Hebreos 12: 2). Cristo brinda la oportunidad de salvación y luego nos la ofrece personalmente. Sin él, no tendríamos opción para ser salvos (Hechos 4:12).

Tercero, somos salvos para buenas obras, no a través de buenas obras: "Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica." (Efesios 2:10).

Creer no es una obra, sino una respuesta a lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Nadie es justo (Romanos 3:10). No somos salvos por las obras que hemos hecho (Tito 3: 5). Solo Cristo puede salvar.

Es posible que no comprendamos completamente la distinción completa entre nuestra respuesta de fe y la salvación de Dios en nuestras vidas. Sin embargo, está claro en las Escrituras que la salvación no es algo que ganemos con obras, sino que debemos confiar en Él por fe. Quizás la analogía de un regalo que se encuentra en Efesios 2: 8-9 expresa mejor esta idea: "Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte." Las obras se contrastan con un regalo.

Cuando recibimos un regalo, no consideramos que abrir el regalo sea una “obra” en sí misma. Lo que hemos recibido es gratis. Simplemente necesitamos abrirlo para disfrutarlo. Lo mismo es cierto de la salvación. Es un regalo que Dios ofrece libremente. No necesitamos trabajar para ganarlo. Más bien, solo necesitamos recibirlo. Cuando lo hacemos, experimentamos alegría y deseo de compartir esta alegría con los demás.



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