¿Cuál es la visión bíblica del favoritismo?

El favoritismo es mostrar un sesgo o parcialidad por una persona o grupo de personas sobre otra, incluso cuando tienen los mismos derechos. La Biblia deja en claro que Dios no muestra favoritismo (Romanos 2:11). Dado que todos los seres humanos fueron creados a Su imagen, tampoco debemos practicar el favoritismo. Más bien, la Biblia nos instruye a "no […] dar lugar a favoritismos." (Santiago 2: 1).

Dios ha creado a todas las personas con el mismo valor. La apariencia física, el género, las posesiones, las habilidades, el nivel de inteligencia o incluso la afiliación religiosa de una persona no determinan su valor. Tratar a las personas de manera diferente en función de su origen étnico, estatus social o riqueza es incorrecto. El Antiguo Testamento especifica que en situaciones legales, "No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia." (Levítico 19:15; ver también Éxodo 23: 2-3). Dios no puede ser sobornado y no muestra acepción de personas (Deuteronomio 10:17). No muestra favoritismo, pero permanece igualmente justo con todos (Job 34:19). Nosotros también estamos llamados a tratar a todas las personas con dignidad y respeto, como portadores de la imagen de Dios (Génesis 1:27).

En el Nuevo Testamento, Pablo advirtió a Timoteo que no mostrara favoritismo: “[sigue] estas instrucciones sin dejarte llevar de prejuicios ni favoritismos.” (1 Timoteo 5:21). El libro de Santiago equipara el favoritismo al pecado, porque Dios nos ha ordenado amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Santiago 2: 1–9). Jesús es nuestro ejemplo perfecto de no mostrar favoritismo. Trató a todos los que acudieron a Él con el mismo nivel de igualdad: desde el pobre hombre lisiado que no podía ayudarse a sí mismo a entrar en el estanque sanador (Juan 5: 5-9) hasta Zaqueo, el rico recaudador de impuestos (Lucas 19: 1-10).

Al principio de su ministerio, el apóstol Pedro dudaba en ministrar a los gentiles o no judíos. Pero después de que Dios le dio a Pedro una visión y Pedro interactuó con el gentil Cornelio, él reconoció el error de su prejuicio: "Pedro tomó la palabra, y dijo: —‘Ahora comprendo que en realidad para Dios no hay favoritismos, sino que en toda nación él ve con agrado a los que le temen y actúan con justicia.’” (Hechos 10: 34–35). De manera similar, Pablo le dijo a la iglesia en Galacia: " […] porque todos los que han sido bautizados en Cristo se han revestido de Cristo. Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. "(Gálatas 3: 27-28). En Cristo, todos tenemos el mismo valor; el favoritismo es inapropiado.

El favoritismo fue una lucha en la iglesia primitiva y sigue siendo una lucha hoy. Mostrar parcialidad parece ser algo natural en nuestra naturaleza caída. Necesitamos estar atentos y ser conscientes para mantenernos bajo control respecto a este tema. Dios nos ha amado y nos ha dado el derecho de ser Sus hijos a través de Jesucristo, lo que significa que debemos amar a los demás como Él nos ha amado (1 Juan 4: 7–11). Necesitamos pedirle al Señor que nos ayude a amar y tratar a los demás como portadores de Su imagen igualmente dignos y sin favoritismos, mostrándoles Su amor indiscriminadamente.



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