¿Cuál es la clave para escuchar la voz de Dios?

Juan 10:27 dice: "Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen". Somos capaces de escuchar la voz de Dios cuando somos suyos por medio de la salvación en Jesucristo (Juan 1:12). Los que pertenecen a Jesucristo tienen el Espíritu Santo que mora en ellos, y Él nos ayuda a reconocer la verdad de Dios y Su dirección en nuestras vidas. Escuchar con precisión la voz de Dios es algo en lo que crecemos a medida que maduramos en la fe. Tal escucha de la voz de Dios no debe confundirse con las afirmaciones de una nueva revelación de Dios, sino que se refiere a la comunión con Dios a medida que nos relacionamos con Él a través de Cristo. También hay que reconocer que a veces las personas afirman haber escuchado la voz de Dios diciéndoles que hagan algo cuando tal vez fue la voz de su propia mente hablando.

La forma principal en que Dios nos habla hoy es a través de Su Palabra escrita. Entonces, la Biblia es el primer lugar donde debemos dirigirnos para escuchar la voz de Dios. A través de la Biblia, somos capaces de aprender sobre el carácter de Dios y cómo se comunica. Como la Palabra escrita de Dios, la Biblia es viva, activa y útil para nosotros (Hebreos 4:12; 2 Timoteo 3: 16–17). Cuando leemos la Biblia con un corazón que busca el entendimiento, estamos escuchando activamente la voz de Dios. La mayoría de la voluntad de Dios para nuestras vidas ya está revelada en la Biblia; nuestra porción es obedecer lo que Dios nos ha dicho en sus páginas. Todo lo que creemos que escuchamos de Dios debe ser compatible con lo que ya nos ha revelado. Por ejemplo, si sentimos que Dios nos está impulsando a hacer algo, pero contradice la Biblia, ese mensaje no es de Dios.

Dios también puede hablar a través de otras personas. Esto puede suceder en forma de una conversación con un amigo o consejero (Proverbios 27:17), un mensaje de un pastor (Romanos 10:17) o la sabiduría de consejeros piadosos (Proverbios 15:22). Escuchar la voz de Dios de otra (s) persona (s) puede ayudarnos a interpretar la Biblia, incluyendo ver cosas a las que antes estábamos ciegos, como áreas ocultas de nuestro propio orgullo o motivaciones egoístas.

Otra forma de escuchar la voz de Dios es a través de la oración. Esto requiere que acallemos nuestro corazón para que podamos escuchar lo que Él tiene que decir y también ser lo suficientemente pacientes como para esperar en Él. Es común pensar que cada vez que el Señor habla, será un evento ruidoso o dramático, pero Dios rara vez aparece en formas o lugares esperados. El Señor visitó al profeta Elías cuando estaba escondido en una cueva: "El Señor le ordenó: —Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí. Como heraldo del Señor vino un viento recio, tan violento que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo." (1 Reyes 19: 11-12). Dios estaba en el murmullo (versículo 13).

Es importante buscar el discernimiento para poder seguir los mandamientos de Dios y poder distinguir Su voz de la suya o la del enemigo (Salmo 119: 125; véase también Filipenses 1: 9–10). Una estrategia útil es tratar de escribir un diario de oración: escriba algunas de sus oraciones a Dios y haga un seguimiento de lo que cree que Dios le está diciendo. Al escribir las cosas que usted cree que Dios le puede estar diciendo, puede volver a revisarlas más adelante y ver cómo Dios obró para animarse nuevamente en su fe.

Cada vez que Dios nos habla, siempre debe estar de acuerdo con la Palabra de Dios. El conocimiento de la Palabra y el discernimiento nos ayudan a aprender mejor cómo escuchar y reconocer la voz de Dios. Si bien puede ser tentador pensar que necesitamos una palabra específica de Dios para tomar cualquier decisión en nuestras vidas, muchas veces no la necesitamos. De hecho, puede convertirse en una excusa para que algunas personas permanezcan estancadas o tomen decisiones imprudentes. Su actitud es "esperar en Dios" cuando en realidad simplemente se niegan a obedecer lo que Dios ya ha ordenado o dudan por miedo. Si bien debemos orar por decisiones importantes y muchas veces debemos esperar a Dios por Su dirección, hay muchas otras veces en las que ya se nos ha dado la dirección que necesitamos y simplemente debemos seguir adelante. Dios nos ha dado muchas instrucciones claras en Su Palabra, y estas nos guían en muchas de las decisiones que tomamos a diario.

Cuando practicamos escuchar la voz de Dios, podemos pedirle sabiduría en cualquier situación de nuestras vidas: "Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie." (Santiago 1: 5). Dios nos da la libertad de tomar decisiones, pero es fiel para guiarnos en la forma en que debemos seguir Su Palabra, Su voz y Su pueblo. Podemos confiar en que a medida que practicamos escuchar y pasar tiempo en Su Palabra, podremos reconocer Su voz: "Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: ‘Este es el camino; síguelo' " (Isaías 30:21).



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