La expresión “ex nihilo” significa “de la nada” en latín y describe cómo creó Dios el universo. La Biblia comienza diciendo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1), lo que indica que Él creó todas las cosas sin utilizar materiales preexistentes. Juan 1:3 refuerza esto, al afirmar: “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Este concepto desafía nuestra comprensión del mundo natural, que funciona según la ley de que la materia no puede crearse ni destruirse, y resalta el poder sobrenatural de Dios.
La doctrina de la creación “ex nihilo” da forma a nuestra comprensión de Dios y del universo. Demuestra que Él tiene el poder de crear y sostener todo a partir de la nada, y revela la dependencia de toda la creación respecto a Él. El aspecto sobrenatural de la creación desafía los límites de la comprensión humana y de la explicación científica, y nos impulsa a reconocer la existencia de realidades más allá de nuestras observaciones empíricas. Las leyes de la física establecen que la materia no puede crearse ni destruirse, pero Dios opera más allá de estas. Debemos acercarnos a la ciencia con humildad, reconociendo nuestro conocimiento limitado y la posibilidad de que existan misterios divinos que están más allá de nuestra comprensión.
La creación “ex nihilo” muestra la soberanía de Dios y Su diseño intencionado. Asegura a los creyentes que el universo no es el resultado del azar, sino un acto deliberado de un Creador amoroso. Nuestra existencia es intencionada y tiene sentido. Comprender que todo procede de Dios fomenta un sentido de mayordomía y gratitud. Vemos nuestras vidas y el mundo que nos rodea como regalos suyos. Esto debería inspirarnos a cuidar la creación con responsabilidad y a vivir de una manera que honre al Creador. También nos anima a confiar en Su provisión y Su plan, incluso cuando nos enfrentamos a incertidumbres.
La creación “ex nihilo” nos llama a la adoración y la reverencia. Muestra el poder y la gloria incomparables de Dios, y nos recuerda que nuestra fe está arraigada en la realidad de un Dios que puede hacer lo imposible. Gracias a esta comprensión, profundizamos nuestra confianza en Él y en Sus promesas.