¿Qué dice la Biblia?
En la iglesia primitiva, era inaudito que un creyente no se bautizara inmediatamente después de la salvación (Hechos 8:36, 38). De hecho, tal vez el único caso registrado de una excepción es el del ladrón en la cruz en Lucas 23:39-43. Aunque esa excepción prueba el testimonio de las Escrituras de que la fe es todo lo que se requiere para la salvación, el hecho de que se asumiera que los creyentes debían ser bautizados muestra lo estrechamente relacionadas que estaban la fe y el bautismo. De ese modo, se tomaban en serio el mandato final de Jesús de bautizar y enseñar a los discípulos (Mateo 28:19-20; Hechos 2:37-38). Esa suposición de que todos los creyentes debían ser bautizados permitió a autores como Pedro hablar del bautismo como algo íntimamente relacionado con la salvación. En el contexto inmediato, las personas que escucharon el sermón de Pedro habían sido profundamente redargüidas y condenadas por su pecado. Pedro estaba respondiendo a una pregunta sobre lo que debían hacer ahora, a lo que respondió que debían arrepentirse y bautizarse. La gramática griega indica que el enfoque de «arrepentirse» y de «bautizarse» era diferente, siendo el arrepentimiento un imperativo para todos ellos en conjunto, pero el «bautizarse» iba dirigido individualmente a cada uno que se arrepintiera. Del mismo modo, el resto del libro de los Hechos, y la Escritura en su conjunto, enseña que es la fe, por sí sola, la que trae la salvación (Hechos 10:43; 16:31; Efesios 2:8-9; Juan 1:12).