¿Qué es el árbol de la vida?

Había dos árboles de importancia creciendo en el Jardín del Edén: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Al principio había muchos árboles y plantas que crecían en la tierra (Génesis 1: 11-13), pero solo estos dos se mencionaron por nombre. "Dios el Señor hizo que creciera toda clase de árboles hermosos, los cuales daban frutos buenos y apetecibles. En medio del jardín hizo crecer el árbol de la vida y también el árbol del conocimiento del bien y del mal." (Génesis 2:9).

El árbol de la vida significaba inmortalidad. Cuando Adán y Eva pecaron y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, como Dios les había advertido explícitamente que no lo hicieran, perdieron el acceso al árbol de la vida. Dios le dijo a Adán: "Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás" (Génesis 2:16-17). La serpiente vino y le dijo a Eva: "¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal." (Génesis 3:4–5). Cuando escucharon la mentira de la serpiente y comieron del fruto, Adán y Eva se volvieron pecaminosos. Pero fue Dios quien les quitó el acceso al árbol de la vida. "Y dijo: «El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre». Entonces Dios el Señor expulsó al ser humano del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de la cual había sido hecho. Luego de expulsarlo, puso al oriente del jardín del Edén a los querubines, y una espada ardiente que se movía por todos lados, para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida."(Génesis 3:22–24).

Dios no quería que el hombre viviera eternamente en un estado de pecado, sujeto al dolor y sufrimiento de un cuerpo caído, una sociedad caída y un mundo natural caído. Proporcionar a Adán y Eva acceso al árbol de la vida después de su pecado habría resultado en una vida sin fin y sin esperanza. Afortunadamente, Dios limitó la cantidad de años que el hombre vive, y nos dio a cada uno la oportunidad de, durante nuestra vida, elegir la vida eterna a través de Jesucristo. El pecado de un hombre hundió a toda la humanidad en un estado de ser caído y enfermo. Pero Dios proporcionó una vida más corta, y al Hombre perfecto, Jesucristo, para dar a toda la humanidad la esperanza de la vida eterna con Dios, en un estado perfecto, donde ninguna serpiente pueda engañar y ningún pecado pueda entrar (Romanos 5:17).

Esto está bellamente descrito en el Libro de Apocalipsis: "Luego el ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero, y corría por el centro de la calle principal de la ciudad. A cada lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce cosechas al año, una por mes; y las hojas del árbol son para la salud de las naciones. Ya no habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad. Sus siervos lo adorarán; lo verán cara a cara, y llevarán su nombre en la frente. Ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los alumbrará. Y reinarán por los siglos de los siglos." (Apocalipsis 22:1–5).



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