¿Cuál es la línea entre ayudar a alguien y que alguien se aproveche de tí?

Lucas 6:30, 35 dice: "Dale a todo el que te pida y, si alguien se lleva lo que es tuyo, no se lo reclames. ... amen a sus enemigos, háganles bien y denles prestado sin esperar nada a cambio. Así tendrán una gran recompensa y serán hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los ingratos y malvados." Como cristianos debemos seguir el ejemplo de Cristo de ser abnegados y tener compasión de los necesitados. Sin embargo, muchos cristianos se desilusionan rápidamente, ya que son tratados como un pusilánime y las mismas personas a las que tratan de servir se aprovechan de ellos.

Jesús no fue un pusilánime, ni tampoco permitió que otros se aprovecharan de él. En cambio, Él modeló la servidumbre piadosa y el establecimiento apropiado de límites. Siguiendo su ejemplo, y buscando la guía del Espíritu Santo, podemos aprender a ayudar a otros sin ser aprovechados.

El primer paso para ser un siervo fuerte es el discernimiento sabio (Mateo 10:16). La oración y el impulso del Espíritu Santo nos ayudarán a saber cuándo y cómo ayudar a las personas necesitadas. Es útil pensar en “enseñarles a pescar” y no solo “darles un pescado”. La ayuda que brindamos no debe apoyar la pereza, sino establecer la responsabilidad. El objetivo debe ser empoderar a las personas de tal manera que puedan romper el ciclo de dependencia y, finalmente, poder devolver algo ayudando a otros. Queremos ayudar a equipar a las personas a largo plazo, no simplemente a satisfacer las necesidades actuales. Es crucial que compartamos el mensaje del evangelio como parte del proceso. Una persona solo va a experimentar un cambio auténtico y duradero en la forma en que vive a través del poder de Dios que trabaja en él, lo que viene a través de la base de una relación con Cristo.

Para ser un siervo fuerte, uno también debe ser un buen administrador de lo que se le ha dado (Mateo 25: 14–30). Si bien debemos dar con corazones dispuestos, como la viuda que dio todo lo que ella tenía a la ofrenda (Marcos 12: 41–44), no debemos descuidar nuestras responsabilidades. Es importante que administremos nuestras finanzas y nuestro tiempo para poder pagar nuestras facturas y cuidar a nuestras familias (1 Timoteo 5: 8). Incluso Jesús se tomó el tiempo para descansar y estar solo para orar porque sabía que tenía que cuidarse a sí mismo para poder servir a los demás con eficacia (Lucas 5: 15–16).

Siga el modelo de servicio de Jesús con un corazón dispuesto y una intencionalidad sabia. Es cierto que dio vista a los ciegos y curó a los cojos para que pudieran caminar. En última instancia, sin embargo, su enfoque estaba en encontrarlos donde estaban espiritualmente y transformar sus corazones.



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