¿Por qué hay tanto antisemitismo en el mundo?

El antisemitismo (odio contra los judíos) es único entre los diversos odios presentes en el mundo. Ningún odio contra ningún grupo de personas puede compararse con el antisemitismo por varias razones. Primero por su longevidad. El odio a los judíos existe desde hace mucho tiempo. Los babilonios, los persas, los asirios, los egipcios, los hititas y los nazis han intentado destruir al pueblo judío. Lo segundo es su universalidad. Los judíos son despreciados prácticamente en todas partes del mundo. La historia ha demostrado que en varios momentos durante los últimos 1.700 años, los judíos han sido expulsados de más de 80 países diferentes. El tercero es su intensidad. El antisemitismo siempre se ha expresado de una manera particularmente virulenta.

¿Por qué el mundo siempre ha odiado a los judíos? ¿Por qué el odio a este grupo de personas es mucho más pronunciado, mucho más violento que contra cualquier otro? Los historiadores y expertos han ofrecido varias teorías, pero todas tienen fallas y erran en encontrar la verdadera razón del antisemitismo. Por ejemplo, la teoría de que los judíos son odiados porque mataron a Cristo es completamente sin validez. Fueron los romanos, no los judíos, quienes mataron a Cristo. Sin embargo, los romanos no son odiados.

El apóstol Pablo explica la verdadera razón por la que el mundo odia a los judíos. Hablando de los judíos, dice: "De [los israelitas] son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la ley, el privilegio de adorar a Dios y el de contar con sus promesas. De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén."(Romanos 9: 4–5). La verdad es que el mundo odia a los judíos porque odia a Dios.

Dios usó a los judíos para traer Su Palabra, la Ley y la moral a un mundo de pecado. Fue a través de los judíos que Dios envió a su Hijo para cumplir la Ley y redimir a la humanidad, ofreciendo salvación y libertad del pecado. El mensaje confiado a los judíos en última instancia transforma el mundo. Sin embargo, es este mismo mensaje el que provoca la ira de aquellos que darían su última pizca de fuerza para resistirlo. Aquellos que desean aferrarse a su pecado no pueden destruir a Dios o su santa ley, por lo que intentan destruir a sus mensajeros.

Por la misma razón, el mundo odia al hijo de Dios, Jesús el Cristo, nacido en un cuerpo judío para redimir al mundo del pecado. Su mensaje reitera el mensaje dado a los judíos: Dios es santo, el hombre es pecador y el infierno existe y es el destino final para todos los pecadores. Pero la buena noticia del mensaje es que Cristo vino a pagar la pena por el pecado de todos los que vendrían a Él por fe (Efesios 2: 8–9). Este mensaje es odiado por todos los que se niegan a dejar su pecado.

A pesar de todos los esfuerzos para destruir a los judíos, Dios no ha terminado con Israel. Algún día, la nación de Israel reconocerá a Cristo como su Salvador y se volverá a Él (Romanos 11:26), y esto no puede suceder si Israel ya no existe. Dios siempre ha preservado al menos un remanente de los judíos y continuará haciéndolo hasta que su plan final se haga realidad. Ninguna cantidad de antisemitismo frustrará el plan de Dios para el pueblo judío.



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