¿Habla la Biblia sobre el amor propio / el amor a uno mismo?

Al escuchar el término "amor propio", algunos pueden pensar en ensimismamiento o egoísmo. La Biblia advierte contra tal actitud (Filipenses 2: 3; 1 Corintios 13: 4-6; Romanos 2: 8; 15: 1-2; Proverbios 18: 1). Sin embargo, hay una manera de amarse a uno mismo sin centrarse en uno mismo. Filipenses 2: 4 dice: "Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás." En este versículo vemos el equilibrio entre amarnos a nosotros mismos lo suficiente como para cuidar nuestras propias necesidades y amar a los demás. Hay una forma bíblica y saludable de amarse a uno mismo.

El amor propio sano comienza con una visión precisa de quiénes somos. El Salmo 139 no deja ninguna duda de que somos especiales. Fuimos creados por Dios y Él prestó atención a los detalles. No hay persona genérica ya que cada uno de nosotros es único. Jesús nos dijo que Dios cuenta los cabellos de nuestra cabeza (Lucas 12: 7). Le importamos a Dios. Dios tiene un plan para nuestras vidas (Jeremías 29:11; Isaías 30:21; Efesios 2:10). Dios desea tener comunión con nosotros (Isaías 43:10; Juan 17:24). Nuestros cuerpos son el templo de Dios (1 Corintios 3:16). El Espíritu Santo habita con nosotros (Juan 14: 16-17). Dios está obrando en nosotros y es fiel para completar esa obra (Filipenses 1: 6).

A veces, los cristianos piensan que para vivir una vida que honre verdaderamente a Dios, debemos sacrificarnos hasta el punto del martirio. Si no creemos que somos la escoria de la tierra, entonces dudamos de nuestra humildad. Esta perspectiva es inexacta. Sí, habrá dificultades en nuestras vidas (Juan 16:33). A algunos de nosotros se nos puede pedir que sacrifiquemos nuestra vida por el evangelio. Sin embargo, la humildad apropiada es tener una visión precisa de la autocomprensión de nuestra pecaminosidad y la salvación de Dios, reconociendo tanto nuestras debilidades como nuestras fortalezas. Significa buscar en Dios nuestra identidad en lugar de juzgar nuestra autoestima mediante comparaciones. Cuando nos menospreciamos a nosotros mismos, menospreciamos la creación de Dios.

Entonces, ¿deberían los cristianos amarse a sí mismos? ¡Sí! Dios nos ama. Aceptamos Su amor aceptándonos a nosotros mismos. Vemos nuestros defectos y los sometemos a Él. No nos amamos a nosotros mismos a costa de obedecer a Dios. No permitimos que el amor propio se convierta en un enfoque propio, convirtiéndonos en dioses o anteponiendo nuestros deseos a todo lo demás. No complacemos nuestra naturaleza pecaminosa ni rechazamos a otras personas. Tampoco nos despreciamos. Jesús vino a darnos vida (Juan 10:10). Si no nos amamos a nosotros mismos, no aceptamos la plenitud de Su regalo.



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