La palabra «ágape» es un término griego que significa “una cálida consideración e interés por otro”. Es decir, se refiere a amar a los demás para su beneficio, a pesar de que no haya ningún beneficio para ti. Jesús fue el ejemplo perfecto de esto (Efesios 5:1-2). Él te amó cuando tú no lo amabas, al venir y sufrir la muerte de un pecador, a pesar de no tener pecado. Jesús fue odiado cuando vino y sigue siendo odiado hoy (Juan 15:18). Sin embargo, se sacrificó por el bien de hombres y mujeres para que algunos pudieran escapar del justo juicio que se habían ganado (Romanos 6:23).
Como creyente, tú estás llamado a amar de la misma manera. La Escritura dice que debes poner a Dios y a tu prójimo por encima de ti mismo, amándolos incluso cuando te cueste (Levítico 19:9; Marcos 12:30-31; Lucas 6:29; 10:25-37). Puedes hacerlo porque Dios te mostró Su amor ágape primero (1 Juan 4:19) y te ha dado Su amor a través de Su Espíritu (Romanos 5:5). A medida que muestras amor ágape, el mundo ve que eres discípulo de Jesús y llega a conocerlo (Juan 13:35).
Puedes amar porque Dios te amó primero (1 Juan 4:19). Este amor fue expresado por el Padre al enviar a Su Hijo a morir como propiciación (1 Juan 4:10). Una propiciación es un sacrificio de sangre que aparta la ira de Dios. Cuando Jesús murió por ti, fue ciertamente doloroso. Sin embargo, peor que eso fue tener que experimentar una separación de Dios de la que Él nunca había sido separado (Mateo 27:46). Encima de todo eso, el Padre derramó Su ira ardiente contra Jesús como si Él y no tú fuera el que pecó.
Ser propiciación, pues, significa que Jesús te amó sacrificialmente. Por Su cálida consideración hacia nosotros, que éramos Sus enemigos, Él nos amó sin que nosotros lo amáramos a Él. De este modo, Él es el ejemplo perfecto para todos los creyentes.
Al salir al mundo, debes recordar que todos han sido creados a imagen de Dios (Génesis 1:26-27) y tienen un valor infinito. Aunque algunos pecados pueden repugnarte con razón por ser una afrenta a nuestro Dios santo, debes recordar que, como creyente, tú solías ser igual de indeseable. La diferencia entre ellos y tú es simplemente que Dios transformó tu vida para que comprendieras el amor ágape de Jesús.
A su vez, desde tu amor ágape por Él, debes tener un amor ágape por aquellos en el mundo, al orar para que Dios los salve y estando dispuesto a sacrificarte para que puedan llegar a conocer a Jesús. No es fácil amar a los que te odian, pero así es el amor ágape. Es amar como Jesús.