¿Cómo puedo evitar el agotamiento ministerial?

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Del Antiguo Testamento

  • Dios estableció el modelo de descanso para toda la humanidad al tomar el séptimo día de la creación para descansar:
  • “Así fueron acabados los cielos y la tierra y todas sus huestes. En el séptimo día ya Dios había completado la obra que había estado haciendo, y reposó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Dios bendijo el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que Él había creado y hecho.”
  • (Génesis 2:1-3).
  • En la Biblia hay muchos ejemplos de cómo Dios equipa a los llamados en lugar de llamar a los ya equipados. Moisés fue llamado a ser el portavoz de los israelitas cautivos, pero le costaba hablar (Éxodo 4:10). Gedeón se sentía totalmente inadecuado (Jueces 6:12, 15). Debes confiar plenamente en la fuerza de Dios allí donde Él te llame a servir.

Del Nuevo Testamento

  • El ministerio te exige dar desinteresadamente, y a veces, solo recibes de él una recompensa celestial (Marcos 9:41; Lucas 12:34), por lo que debes alimentarte espiritualmente para el camino.
  • Jesús dio a entender que el día de reposo (el descanso) es un don:
  • “Y Él les decía: «El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo.”
  • (Marcos 2:27). No debes sustituir la adoración a Dios por la idolatría hacia tu trabajo ministerial.
  • Jesús dedicó tiempo de Su ministerio para estar a solas con Dios (Marcos 1:35; 6:46; Lucas 4:42; 6:12). Debes seguir siempre Su ejemplo.
  • Reconocer el llamado de Dios y responder a él es importante. Cuando Él te llama, también te equipa. Incluso Jesús, en la tierra, necesitó una estrecha conexión con Dios Padre. Jesús dijo:
  • “Por eso Jesús les decía: «En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera.”
  • (Juan 5:19).
  • Los apóstoles y los primeros discípulos aprendieron a no confiar en sus propias fuerzas y en su propio entendimiento. El libro de los Hechos recoge varios casos en los que los líderes fueron llenos del Espíritu Santo antes de ejercer su ministerio (por ejemplo, Hechos 4:8, 31; 7:55). Se le atribuye al Espíritu Santo la difusión del evangelio y el crecimiento de la iglesia (Hechos 2:41, 47). Los líderes implicados confiaron en el poder de Dios para lograr lo que nunca podrían haber hecho por sí solos (Lucas 24:49; Hechos 1:4-5).
  • Pablo comparó su labor ministerial con ser derramado como una libación (Filipenses 2:17; 2 Timoteo 4:6). Cuesta mucho estar en el ministerio; por eso es tan importante estar lleno de Él y descansar en la paz que solo Él da.
  • El ministerio implica llevar las cargas de otros:
  • “Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo.”
  • (Gálatas 6:2), lo cual puede ser emocional y espiritualmente agotador. Necesitas tiempo con tu familia y con tus amigos, tiempo para concentrarte en otras actividades o pasatiempos sanos, tiempo para consultar a mentores espirituales, y tiempo para retirarte, refrescarte y volver a llenarte del Señor.
  • El Nuevo Testamento también muestra que Dios equipa a aquellos a los que llama. Saulo era un asesino que se convirtió en el apóstol Pablo (Hechos 9:1-2, 14-15), y muchos de los discípulos eran hombres comunes que no parecían un grupo con posibilidades de cambiar el mundo (Mateo 9:9; Marcos 1:16). El trabajo ministerial puede ser desalentador a veces, pero no debes temer porque sabes que es una obra de Dios, no una obra basada en tus propias fuerzas.

Implicaciones para hoy

Dios te creó con la necesidad de descansar y de tomar un respiro de tus actividades, incluso cuando esas actividades son parte del ministerio y lo honran a Él. Por un lado, Él estableció el patrón para ti al crearte con el ritmo del sueño: dormimos alrededor de un tercio de nuestras vidas. Cuando experimentas agotamiento, o llegas al límite de tus fuerzas, incluso en el ministerio vocacional, es útil que revises tres aspectos de tu vida y de tu trabajo: tus ritmos, la fuente de tus fuerzas y tu llamado. Cada uno de estos aspectos está correctamente enraizado en tu relación con Dios. En primer lugar, ¿te tomas tiempo para cuidarte física, emocional y espiritualmente? Si vacías tu depósito y nunca lo rellenas, es seguro que te agotarás. Necesitas dormir, cuidar tu cuerpo, tener salidas sanas para procesar las emociones y alimentar tu relación personal con Dios. Debes dedicar tiempo cada semana para adorar a Dios, para escuchar a otra persona compartirte verdades de la Biblia y para participar en actividades que te acerquen a Dios. En segundo lugar, comprueba de dónde sacas tu energía, tu dirección y tu enfoque. Jesús te sirvió de modelo perfecto. Él se mantenía lleno de energía pasando tiempo en oración íntima con Dios. Tú necesitas la ayuda de Dios para evitar el cansancio (Gálatas 6:9; 2 Tesalonicenses 3:13). Tus propias fuerzas, tu perspicacia y tu fortaleza humana no son suficientes para sostener el ministerio. Muchas veces, entramos en un ministerio basados en nuestros dones y personalidades, o incluso solo en la capacidad de satisfacer lo que parece ser una necesidad apremiante en la iglesia. Dios, sin embargo, no necesita de estas habilidades y capacidades naturales o aprendidas. Y la necesidad de hacer algo no es necesariamente un llamado personal para que tú lo hagas. A menudo, Dios te coloca en un ministerio que coincide con tus habilidades naturales y con tu personalidad, y a menudo eres llamado a llenar una vacante. Pero a veces, Dios te pone en un lugar que nunca esperarías. Y a veces, Dios llama a otra persona para cubrir una necesidad concreta, aunque tú seas capaz de hacerlo. En cualquier caso, tus capacidades por sí solas nunca serán suficientes. La obra de Dios requiere el poder de Dios. El ministerio más adecuado es aquel al que Dios te ha llamado específicamente, y solo puede llevarse a cabo plenamente en Su fuerza. El famoso evangelista D. L. Moody nos instruyó bien cuando dijo: «Antes de orar para que Dios nos llene, creo que primero debemos orar para que Él nos vacíe». En tercer lugar, debes saber con certeza que Dios te llamó al ministerio en el que estás involucrado. Debes cuestionar esta dirección y esta guía con regularidad en oración, porque el orgullo y la vanidad pueden invadirte fácilmente. El llamado y el poder de Dios son críticos para el éxito de tu ministerio; no lo son tus dones o incluso tus resultados visibles. A menudo se dice con gran verdad que Dios equipa a los llamados, no llama a los ya equipados. Cuando eres llamado por Dios a un cierto trabajo, puedes sobrellevar largos períodos de estancamiento aparente en el ministerio, soledad y gran dificultad porque no tienes que cuestionar tus propias habilidades y fortalezas. Puedes confiar plenamente en que Él te dará la capacidad para realizar lo que ha planeado para ti (Éxodo 35:20-25; 1 Corintios 12:4-5; Efesios 2:10). También sabes que, al ministrar, es Él quien recibe la gloria, no tú. No necesitas llevar cargas que no son de Dios, ni debes intentar quitarle Su gloria. Más bien, en el ministerio, simplemente buscas obedecer a Dios, buscando en Él dirección y llenura espiritual. Reconoces Su llamado (Juan 10:27; Hechos 13:2) y obedeces con gozo. A medida que confías en Dios como tu única Fuente, dependiendo de Él para obtener fuerza y dirección, y aceptando gozosamente el descanso y el refrigerio que Él provee, podrás evitar por completo el quemarte en el ministerio.

Comprende

  • Dios diseñó el ministerio para que fluya exclusivamente de Su fuerza, no de la tuya.
  • Dios equipa a los que llama y capacita a Su pueblo para el servicio efectivo.
  • El descanso es un ritmo sagrado dado por Dios, absolutamente necesario para evitar el agotamiento.

Reflexiona

  • ¿Cómo reconoces tú los síntomas cuando estás empezando a sentir agotamiento físico o espiritual?
  • ¿Qué tan consistentemente te permites descansar, recargar energías y reconectarte con Dios para prevenir el agotamiento ministerial?
  • ¿Cómo puedes determinar a través de la oración si estás sirviendo dentro o fuera del llamado específico que Dios te dio?

Ponlo en práctica

  • ¿Cómo pueden tú y los líderes de tu iglesia animarse unos a otros a descansar y a depender del Señor para el servicio ministerial?
  • ¿Qué prácticas y límites te ayudan a servir de una manera sostenible que no te lleve al agotamiento?
  • ¿Por qué es tan importante buscar y seguir la dirección de Dios, en vez de simplemente llenar necesidades por presión, culpa o por las expectativas de los demás?