Tengo adicción a la pornografía. ¿Debo decírselo a mi cónyuge?

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Del Antiguo Testamento

  • Dios te creó para relacionarte, y diseñó el sexo como un don sagrado tanto para la procreación como para el placer (Génesis 1:28; Cantar de los Cantares 4:10-16). Según las Escrituras, la intención de Dios es que el sexo solo tenga lugar dentro del pacto matrimonial entre un hombre y una mujer (Génesis 2:24). La pornografía corrompe y distorsiona este buen designio al separar el sexo del amor, el compromiso y la santidad.
  • El pecado nos separa no solo de Dios, sino también unos de otros (Isaías 59:2; Salmo 66:18). El pecado secreto —como el uso oculto de la pornografía— socava la confianza y la intimidad en el matrimonio.
  • Proverbios 28:13 dice:
  • “El que encubre sus pecados no prosperará,
  • Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.”
  • Ocultar el pecado profundiza la culpa y puede endurecer tu corazón.
  • En Malaquías 2:14-16, Dios describe el matrimonio como un pacto de fidelidad, haciendo hincapié en la lealtad, la pureza y la integridad entre los cónyuges.

Del Nuevo Testamento

  • Jesús enseña que la lujuria es adulterio del corazón:
  • “Pero Yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón.”
  • (Mateo 5:28). La pornografía no es un asunto privado inofensivo. Es una ofensa espiritual y relacional que afecta profundamente a tu cónyuge.
  • Primera de Juan 1:7-9 insta a los creyentes a confesar sus pecados y a vivir abiertamente ante Dios y ante los demás, incluido el cónyuge. La sanidad viene a través del arrepentimiento y la comunidad, no del secreto.
  • Efesios 4:22-25 te enseña a desechar la falsedad y a decir la verdad con amor, especialmente en relaciones estrechas como el matrimonio.
  • El matrimonio requiere honestidad y apoyo mutuo, lo que no puede suceder si estás ocultando una adicción a la pornografía. En Santiago 5:16, se te llama a:
  • “Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho.”
  • Ese principio también se aplica en el matrimonio.

Implicaciones para hoy

La adicción sexual, incluida la visión regular de pornografía, se considera un “trastorno de la intimidad”. Robert Weiss, experto en adicción sexual, lo define de esta manera: “la incapacidad de encontrar, tolerar o permanecer en relaciones que implican los riesgos que conlleva ser plenamente conocido”. Sin embargo, la intención de Dios es que vivas en comunidad con los demás, conociendo a otros y siendo conocido. Weiss añade: “Todos necesitamos relaciones sanas para sobrevivir; es así de importante. No nos va bien solos”. Guardar secretos —especialmente una adicción a la pornografía— a tu cónyuge es perjudicial para la confianza, la intimidad y la unidad que Dios diseñó para el matrimonio (Efesios 4:25; Proverbios 28:13). El secreto crea distancia emocional y espiritual, y el pecado no confesado le da al enemigo un punto de apoyo en la relación (Efesios 4:27). La honestidad, aunque difícil, es esencial para la sanidad y la restauración. Dios te llama a caminar en la luz, sin esconderte en la vergüenza, para que la verdad y la gracia puedan comenzar la obra de la reconciliación (1 Juan 1:7-9; Santiago 5:16). Descubrir el consumo o la adicción a la pornografía sin una confesión intencional por tu parte a menudo causa aún más trauma y dolor a tu cónyuge, y se siente como una infidelidad. Cuanto más tiempo guardes el secreto, más dolor causarás. Parte de este dolor puede aliviarse confesándolo y pasando juntos por un proceso de recuperación y reconciliación, aunque sea difícil. Aunque la confesión puede dar lugar a conversaciones difíciles y a la ruptura de la confianza, también abre la puerta a la verdad, a la sanidad y a la posibilidad de reconstruir la relación sobre una base de honestidad y gracia (Proverbios 24:26; Colosenses 3:9-10). Dios es capaz de redimir lo que se ha roto, pero esa redención comienza con la humildad, el arrepentimiento y tu voluntad de caminar en la luz, tanto ante Él como ante los demás. La pornografía afecta a las personas de muchas más maneras de lo que esperan. Y mantener una adicción en secreto produce un daño mucho mayor. Dios quiere que vivas la vida abundante que Él tiene para ti, y esto significa tratar y confesar cualquier adicción o uso de pornografía. Junto con la confesión a tu cónyuge, el sitio web pornaddiction.com (en inglés) ofrece algunos buenos consejos y recursos. Cualquier persona atrapada en una adicción a la pornografía también debe buscar ayuda a través de una iglesia local o de un servicio de consejería cristiana.

Comprende

  • La pornografía distorsiona el diseño de Dios para el sexo y daña la confianza y la intimidad del matrimonio.
  • Ocultar una adicción a la pornografía crea distancia emocional y espiritual, mientras que la confesión abre la puerta a la sanidad, la gracia y la restauración de la relación.
  • Dios te llama a la honestidad, al arrepentimiento y a caminar en la luz, especialmente con tu cónyuge.

Reflexiona

  • ¿De qué manera mantener un pecado en secreto afecta la conexión emocional y espiritual en tus relaciones o en tu matrimonio (si estás casado)?
  • ¿Qué temores tienes acerca de confesarle un pecado a tu cónyuge, y cómo puede estar llamándote Dios a confiarle a Él esos temores?
  • ¿Por qué es importante mantener la confianza, la honestidad y la intimidad en tu matrimonio, y cómo afectaría negativamente el mantener en secreto una adicción a la pornografía?

Ponlo en práctica

  • ¿Por qué la confesión al cónyuge —y no solo a Dios o a un consejero— es tan esencial para la sanidad en el matrimonio?
  • ¿Cómo podemos, como creyentes, apoyar a alguien que está luchando contra la pornografía y, al mismo tiempo, fomentar la honestidad y la rendición de cuentas?
  • ¿Qué pasos pueden dar juntos los cónyuges después de una confesión para reconstruir la confianza y buscar de nuevo la intimidad?