¿Cuáles son algunas señales de abuso espiritual y cómo debo responder?

El abuso puede adoptar muchas formas diferentes y normalmente tiene efectos duraderos y perjudiciales para las víctimas. Aunque las formas más comunes son la física, la sexual y la verbal, el abuso espiritual puede ser igual de perjudicial y difícil de afrontar. El abuso espiritual es especialmente peligroso porque tiene un gran poder para afectar al concepto que una persona tiene de Dios.

El abuso espiritual puede darse de varias formas, y la primera es por parte de los líderes o la administración de la iglesia, que emplean su poder de forma egoísta y opresiva. También se puede considerar como abuso el legalismo autoritario o el control que los dirigentes de la iglesia intentan ejercer sobre los miembros de la congregación. Aunque el abuso espiritual se puede dar en cualquier iglesia, es más evidente entre las sectas. En este artículo hablaremos de cómo las sectas recurren a la manipulación espiritual. La segunda forma de abuso espiritual se da cuando a un cristiano se le ridiculiza, acosa, menosprecia o avergüenza por su fe. Desafortunadamente, cada una de estas formas puede provenir tanto de cristianos como de no cristianos. El enfoque de este artículo es reconocer las señales del abuso espiritual y aprender la respuesta cristiana a este tipo de situaciones.

La iglesia debe ser un lugar donde el Cuerpo de Cristo pueda reunirse, tener comunión, recibir ánimo y aprender a parecerse más a Jesús (Gálatas 5:13; 1 Tesalonicenses 4:18; 1 Juan 1:7). Sin embargo, a veces los que están en puestos de autoridad dentro de la iglesia pueden llegar a controlar en exceso a sus congregaciones, buscando cada vez más sus propios motivos y manipulando psicológicamente a las mismas personas a las que se supone que están ayudando. Los pastores y líderes espiritualmente abusivos podrían rechazar la rendición de cuentas y colocar su propio poder y autoridad por encima de los de Dios. Es posible que no estén dispuestos a cuidar en absoluto de "los más pequeños" (huérfanos, viudas, personas sin hogar, etc.). El legalismo que proviene del liderazgo de la iglesia es otra forma de abuso espiritual. La definición más práctica de legalismo es "la conformidad forzada a los aspectos externos de la vida cristiana sin tener en cuenta la condición del corazón o la santidad interior". El legalismo puede tener muchas expresiones: sólo permitir que la congregación lea una determinada traducción de la Biblia, prohibir que las mujeres lleven pantalones o joyas, o exigir que sólo se use un estilo específico de música durante el servicio.

Lo primero que hay que hacer si empiezas a sospechar que en tu iglesia se está produciendo algún tipo de abuso espiritual, ya sea que creas que tú o alguien más está siendo abusado, es orar. Las víctimas de abuso no siempre son totalmente conscientes de que la situación es abusiva ni son capaces de hablar por sí mismas. Por lo tanto, si crees que otra persona está siendo víctima de abuso espiritual, es importante que tú también tomes estas medidas (Proverbios 31:8-9). En todos los casos, necesitarás que el Espíritu Santo te dé discernimiento para esta situación (Hebreos 5:14). Pídele al Espíritu que te guíe a las Escrituras que podrían aclarar la situación (2 Timoteo 3:16). Si eres un observador externo, cerciórate de tener una comprensión clara de lo que realmente está sucediendo en la situación (Proverbios 18:17). Considera seriamente los puntos de vista de los demás.

De acuerdo con Mateo 18:15-17, parecería que el siguiente paso correcto es hablar directamente con la persona que crees que está siendo espiritualmente abusiva. Dependiendo de la situación y de la gravedad del abuso espiritual, esa confrontación podría generar problemas de seguridad. Si ese es el caso, puede que sea prudente contratar a un mediador imparcial para que participe en la conversación inicial. Muchas veces, en las sectas ni siquiera es posible confrontar a un líder. Se necesita sabiduría y discernimiento.

Si la conversación inicial no da resultados, es el momento de hablar con otros miembros de confianza de la familia de tu iglesia para ver si alguien más tiene las mismas sospechas. Esto no significa que debas calumniar, faltar al respeto o contar chismes sobre tu pastor o sobre quienquiera que sea el presunto abusador; sin embargo, es aceptable y se nos ordena que comparemos lo que se nos enseña con la Palabra para asegurarnos de que es una enseñanza sana (Hechos 17:11; 2 Timoteo 2:15). Acto seguido, un pequeño grupo de tres o cuatro personas puede acercarse al agresor. Si la situación no se resuelve, entonces es tiempo de llevar el problema a la mayor autoridad dentro de la iglesia (potencialmente un pastor, la junta de ancianos, o un representante de la denominación). El apóstol Pablo dio algunas instrucciones sobre cómo resolver los conflictos entre los líderes de la iglesia y su congregación. Escribió que debemos ser sumamente cuidadosos cuando presentamos una acusación contra un anciano de la iglesia: "Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos" (1 Timoteo 5:19). Manifiesta tus preocupaciones con amor y con buenas intenciones.

A veces el abuso espiritual está relacionado con el abuso físico u otro comportamiento indebido. Si ese es el caso, se debe contactar a las autoridades correspondientes. Esto se debe hacer junto con la presentación del asunto a los líderes de la iglesia. Tales situaciones requieren una intervención tanto civil como eclesiástica, así que no descuides involucrar a las autoridades civiles. Abandonar una situación de abuso es apropiado, y tomar medidas para asegurar que otros no queden involuntariamente en tal situación es un acto de amor.

La segunda clase de abuso espiritual se produce cuando se persigue a un cristiano o se le trata con dureza a causa de su fe. Aunque desafortunado, no debemos sorprendernos por esto porque Jesús dijo que sucedería: "Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os aborrece" (1 Juan 3:13). Más bien, debemos alegrarnos cuando nos avergüenzan por nuestra fe, porque por lo general eso significa que estamos haciendo un buen trabajo representando a Jesús (Mateo 5:11-12; 2 Timoteo 3:12). Como cristianos, estamos llamados a llevar una vida que agrade y sea aceptable a Dios. Esto significa que muchas veces debemos ir en contra del camino del mundo para seguir los mandamientos de Dios (Juan 17:14). Cuando nos encontramos con personas que nos tratan mal a causa de nuestra fe, estamos llamados a ser amorosos, respetuosos y orar por ellos (Mateo 5:44).

Además de la persecución por parte de los no cristianos, los de la misma fe pueden juzgar y criticar a los creyentes que aún no son tan maduros espiritualmente. Los nuevos cristianos pueden cometer lo que podríamos llamar "errores de principiantes" al comenzar su nueva vida con Cristo. En ocasiones, no son lo suficientemente maduros como para saber qué es lo correcto. Si este es el caso, estamos llamados a fortalecer a aquellos que son "niños en Cristo" (1 Corintios 3:1) y animarlos en su fe. Los cristianos espiritualmente abusivos pueden considerarse superiores a los nuevos creyentes y criticarlos si hacen algo mal por su falta de sabiduría o discernimiento. Podría ser extremadamente perjudicial para un nuevo creyente que se le regañe, castigue o menosprecie por causa de su ignorancia. Aquellos que son maduros en Cristo no deben ser arrogantes sino humildes para que puedan instruir correctamente a aquellos que necesitan guía (1 Tesalonicenses 2:11-12). Se aconseja a los cristianos que no se enreden en discusiones infructuosas ni causen divisiones en la Iglesia (2 Timoteo 2:23-26; Romanos 14; Tito 3:10).

El abuso espiritual se puede manifestar de diversas maneras, y es importante que aprendamos a reconocerlo en todas sus formas. Estamos llamados a no participar "en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprenderlas" (Efesios 5:11). Enfrentarse y luchar contra toda clase de mal es una parte importante de la vida cristiana, y muchas veces requiere ser humildemente valiente. Al andar "en luz, como él está en luz" (1 Juan 1:7), aprendemos a manejar y superar eficazmente el abuso espiritual, de modo que podamos adherirnos a la sana doctrina y santificarnos continuamente a medida que crecemos "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén" (2 Pedro 3:18).



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