El aborto es un pecado porque mata a un niño no nacido (Éxodo 20:13). Sin embargo, Dios promete renovar y perdonar a todos los que se vuelven a Él, a los que confían en la muerte y resurrección de Jesús para el perdón de los pecados (Romanos 3:22, 8:1). Aunque el aborto puede dejar heridas físicas, emocionales y espirituales duraderas, el amor de Dios ofrece restauración y renovación a quienes lo buscan a Él.
Una mujer que es salvada por la gracia puede liberarse de la culpa y de la vergüenza, encontrando paz al saber que ha sido plenamente perdonada y renovada en Cristo (2 Corintios 5:17). La sanidad también viene a través de la comunidad: encontrando apoyo y cuidado en amigos de confianza, mentores y consejeros que ofrecen compasión y guía (Proverbios 11:14; Hebreos 10:25; Gálatas 6:2). A medida que una mujer crece en su relación con Dios, puede redescubrir su identidad, su propósito y su fortaleza, e incluso utilizar su historia para llevarle esperanza y aliento a otras personas que recorren el mismo camino de redención.
Las mujeres deciden abortar por muchas razones. Tal vez no están preparadas física, económica o emocionalmente para la maternidad, o temen ser rechazadas por su comunidad al quedar embarazadas fuera del matrimonio. Tal vez el bebé sea el resultado de una agresión sexual. Aunque las razones varían, la sociedad suele responder de dos maneras: alabando a la mujer como un símbolo de sus derechos sobre su propio cuerpo o acusándola de asesinato y tratándola como a una paria. Sin embargo, pocos se toman el tiempo de considerar los efectos negativos duraderos que el aborto tiene sobre la mujer.
El aborto puede afectar negativamente la salud de la mujer. Si algo sale mal en el procedimiento médico, las consecuencias para la salud pueden durar toda la vida. La falta de educación sobre los cuidados posteriores o tratar de ocultar el aborto a los demás también impide que muchas mujeres se recuperen adecuadamente.
Además, los abortos tienen un impacto negativo en la salud emocional de la mujer. Independientemente del motivo del aborto, las mujeres pueden sentir culpa, arrepentimiento, tristeza y depresión. Algunas mujeres se sienten obligadas a abortar o se dan cuenta más tarde de que lo que les dijeron que era solo un trozo de tejido era en realidad una vida humana. Estas mujeres pueden sentirse traicionadas o sentir que las han engañado. El abanico de emociones puede ser complejo y difícil de gestionar. Cuando estas emociones se reprimen o ignoran, pueden afectar la autoimagen y la confianza de la mujer, sus futuras relaciones y embarazos, y su felicidad en general.
Sin embargo, la buena noticia es que Dios te perdonará, independientemente de lo que hayas hecho, si te arrepientes de tus pecados y pones tu fe en Jesucristo (Romanos 8:1; 1 Juan 1:9).
Además de seguir a Dios, también es importante que las mujeres hablen con un consejero, un mentor o un amigo de confianza. Estas personas pueden ayudar a las mujeres a superar el dolor, a aprender a perdonarse a sí mismas y a seguir adelante. Los médicos también pueden ser de ayuda, sobre todo en caso de que el aborto tenga consecuencias duraderas para la salud. A medida que las mujeres avanzan, pueden empezar a vivir el plan de Dios para sus vidas e incluso ayudar a otras mujeres que han abortado o que están pensando en abortar. Hay sanidad y recuperación para las mujeres que han abortado porque Dios es un Dios de redención.
Si buscas ayuda para sanar o recuperarte de un aborto, te recomendamos los ministerios If Not For Grace (www.infg.org) para obtener recursos y asesoramiento gratuitos.