Preocupación - ¿Qué dice la Biblia?

En resumen:

La Biblia anima a los creyentes a no preocuparse. Los cristianos deben cumplir con sus responsabilidades y recordar que los resultados están bajo el control soberano de Dios.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

Todo creyente tiene responsabilidades mundanas. Aún así, nunca debemos permitir que éstas suplanten nuestro caminar con Dios. Dios no quiere que estemos divididos o distraídos. Jesús nos ordena que no nos preocupemos por las cosas terrenales, como la comida y el vestido (Mateo 6:25-34), porque Él proveerá para nosotros. Esto no significa que podamos eludir nuestras responsabilidades, sentarnos y esperar que Dios se encargue de los deberes que Él nos ha dado los medios para manejar. Los cristianos debemos trabajar para proveer para nosotros y nuestras familias (2 Tesalonicenses 3:10). Sin embargo, no debemos preocuparnos tanto por los asuntos prácticos de este mundo que descuidemos nuestra vida espiritual (Colosenses 3:2). Nuestra prioridad es siempre Dios y Su reino (Mateo 6:33). Se anima a los creyentes a confiar en la promesa de Dios de que si buscamos Su voluntad, Dios proveerá para nuestras necesidades materiales (no confundir con nuestros deseos).

DEL ANTIGUO TESTAMENTO

DEL NUEVO TESTAMENTO

IMPLICACIONES PARA HOY

Todo el mundo ha sentido ansiedad en algún momento de su vida. Algunos luchan más con este problema que otros. La Biblia nos enseña a los cristianos a gestionar nuestras obligaciones diarias, pero sin preocuparnos tanto por ellas que nos distraigan del Reino de Dios. Por ejemplo, un cristiano trabaja para mantenerse, pero no debe preocuparse excesivamente por cómo afectará la economía a su fondo de jubilación. Él sólo puede cumplir con sus responsabilidades; el futuro está en manos de Dios. Incluso los ministros cristianos pueden preocuparse por el "éxito" del ministerio, es decir, por el número de conversiones. Pero Cristo sólo nos manda difundir las buenas nuevas del Evangelio hasta los confines de la tierra; el Espíritu Santo es responsable de las conversiones (Juan 3:5-8). Espiritualmente, los creyentes en Cristo no tienen por qué preocuparse: nuestra salvación está asegurada en Cristo, y estamos libres tanto de la culpa condenatoria como del miedo a la muerte (Romanos 8:1, 35-39; Hebreos 2:14-15). Como cristianos, estamos llamados a seguir los mandamientos de Cristo, pero no a preocuparnos por los resultados.

COMPRENDE

REFLEXIONA

PONLO EN PRÁCTICA