Brooke Westcott y Fenton Hort realizaron un trabajo pionero en el campo de la crítica textual durante el siglo XIX. Ellos impulsaron esta disciplina al reforzar la afirmación de que el texto bíblico se ha conservado con exactitud. La crítica textual consiste en identificar y eliminar cambios, corregir errores y suprimir añadidos realizados accidentalmente durante el proceso de copiado de los manuscritos antiguos. Westcott y Hort descubrieron que se habían producido muy pocos cambios significativos a lo largo de los siglos, a pesar de las numerosas copias y traducciones, y elaboraron El Nuevo Testamento en el griego original en 1881. Ellos basaron su enfoque en la convicción de que Dios preservó Sus palabras a través del extenso proceso de copiado de las Escrituras. Sin embargo, el trabajo de Westcott y Hort no fue perfecto. Algunos expertos critican el hecho de que se basaran excesivamente en los manuscritos Sinaiticus y Vaticanus. Debido a estas observaciones técnicas, ninguna traducción moderna se basa exclusivamente en su trabajo. Además, algunas de las creencias personales de estos autores eran heréticas. No obstante, la crítica textual es un proceso sistemático de comparación de manuscritos que sigue reglas estrictas para seleccionar el texto más fiel, por lo que no se deja influir fácilmente por las opiniones privadas de un individuo. A pesar de sus posturas teológicas particulares, aportaron al mundo académico dos contribuciones clave: 1) la certeza de que las traducciones que ya circulaban eran sumamente precisas, y 2) un método sistemático para descubrir las palabras griegas originales de la Biblia. El camino que ellos iniciaron continúa perfeccionándose hasta hoy.
No hace falta que seas un experto en manuscritos antiguos para confiar en la Biblia que tienes en tus manos. Dios ha supervisado Su conservación a través de la copia y la traducción fiel, y la erudición moderna confirma que el texto