La Lectio Divina es una práctica monástica utilizada para la lectura de las Escrituras y la oración que está ganando popularidad entre muchos cristianos hoy en día. La Lectio Divina, que significa “lectura divina”, es una forma meditativa y orante de acercarse a las Escrituras que hace hincapié en la comunión con Dios, más que en el mero estudio intelectual. Consta de cuatro pasos —lectura, meditación, oración y contemplación— que ayudan a los creyentes a reflexionar sobre la Palabra de Dios, interiorizarla y escuchar Su guía. Históricamente, los Salmos y Josué destacan la meditación en la Palabra de Dios, y el Nuevo Testamento anima a dejar que las Escrituras habiten ricamente en los creyentes a través de la oración y la reflexión; por lo tanto, la práctica de la meditación y la reflexión personal no es intrínsecamente mala. Sin embargo, aunque la Lectio Divina puede profundizar la relación con Dios, hay que tener cuidado de no convertirla en una búsqueda de experiencias o percepciones personales, con el riesgo de transformarla en una práctica idólatra, subjetiva o propia de la Nueva Era. La Lectio Divina fomenta la quietud, la atención y la receptividad al Espíritu de Dios, y puede realizarse de manera individual o comunitaria, sirviendo como herramienta para acercarse a Dios de forma deliberada y enfocada. Cuando se aborda con el corazón adecuado, la Lectio Divina puede alimentar una conciencia más profunda de la presencia y la verdad de Dios, a medida que la persona medita y permite que la Palabra de Dios arraigue en su corazón.
La Lectio Divina consta de cuatro partes: Lectio: En primer lugar, lees un pasaje de la Escritura. Esta lectura debe ser intencional y lenta. La mayoría de las personas leen el pasaje en cuestión varias veces. Meditatio: A continuación, meditas sobre la Escritura. Esto significa que reflexionas sobre el pasaje, buscando escuchar al Espíritu Santo. No analizas el pasaje, sino que intentas verlo desde varias perspectivas. Oratio: Esta etapa consiste en la oración. Después de haber leído y meditado el pasaje, lo llevas a Dios en oración. Contemplatio: El proceso de la Lectio Divina concluye con la contemplación. Es un tipo de escucha o de oración reposada. Buscas simplemente sentarte en la presencia de Dios con Su Palabra aún fresca en tu mente. Algunos cristianos han advertido contra la Lectio Divina porque puede ser mal utilizada para perseguir intuiciones personales o experiencias espirituales en lugar de un encuentro genuino con Dios. Si no se fundamenta cuidadosamente en la Biblia, corre el riesgo de convertirse en una práctica subjetiva o incluso idólatra, en lugar de un medio fiel para acercarse a Él. Sin embargo, otros la han encontrado espiritualmente beneficiosa y un medio por el cual se han acercado más a Dios. Los peligros potenciales de la Lectio Divina son obvios. Si tu corazón no está puesto en Dios, es fácil “oír” al Espíritu Santo decirte lo que quieres oír. Existe el peligro de hacer de la práctica de la Lectio Divina más una experiencia que una verdadera relación con Dios. Si te dedicas a la Lectio Divina en busca de un bienestar emocional o para obtener algún tipo de verdad especial, entonces tu corazón está en el lugar equivocado. Se convierte en un ídolo, en lugar de una disciplina espiritual útil. Sin embargo, es valioso reducir intencionalmente la velocidad para pasar tiempo con Dios.