¿Qué dice la Biblia sobre la sumisión? ¿A quién debemos someternos y por qué?
En resumen:
La sumisión consiste en reconocer quién tiene la autoridad y someterse voluntariamente a su liderazgo. Estamos llamados a someternos a Dios y, al hacerlo, también a la autoridad y a los demás.
¿QUÉ DICE LA BIBLIA?
En nuestra cultura moderna, celebramos la libertad, la igualdad y la individualidad, animando a las personas a pensar y actuar por sí mismas. A algunas personas les asusta la palabra “sumisión” porque contradice esta mentalidad. A menudo, la palabra “someterse” tiene la connotación negativa de alguien que se ve obligado a renunciar a su libertad y a hacer algo en contra de su voluntad. Sin embargo, en la Biblia no tenía estas connotaciones. Es importante que empleemos las herramientas de la hermenéutica (el estudio de la interpretación de los textos) para comprender mejor lo que la palabra “sumisión” habría significado en las lenguas y contextos culturales de los autores y las audiencias originales. La sumisión consiste en reconocer quién tiene la autoridad y someterse voluntariamente a su liderazgo. La sumisión cristiana consiste en poner a otra persona, y sus necesidades, por encima de las nuestras. Como creyentes, estamos llamados a someternos a Dios, a la autoridad y a los demás.
DEL ANTIGUO TESTAMENTO
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El ángel del Señor le dijo a Agar: “Vuelve a tu señora y sométete a su autoridad” (Génesis 16:9).
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El quinto mandamiento les decía a los israelitas: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da” (Éxodo 20:12). Aunque no utiliza un término directo para la sumisión, el concepto de honrar a los padres implica ceder y respetar su autoridad.
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“Moisés era un hombre muy humilde, más que cualquier otro hombre sobre la superficie de la tierra” (Números 12:3). La palabra hebrea anav (traducida como manso o humilde) refleja una actitud de sumisión ante Dios.
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“Confía callado en el Señor y espera en Él con paciencia” (Salmo 37:7). La idea aquí implica sumisión al tiempo y a la autoridad de Dios.
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“Pero Mi pueblo no escuchó Mi voz; Israel no me obedeció” (Salmo 81:11). La palabra hebrea abah (estar dispuesto o someterse) se utiliza para describir la falta de sumisión de Israel a Dios.
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La profecía de Isaías 45:23 expresa la sumisión y la adoración ante Dios como un acto de reverencia y reconocimiento de Su soberanía.
DEL NUEVO TESTAMENTO
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El Nuevo Testamento se escribió en griego, y el término griego utilizado para la sumisión es upotasso (Romanos 13:1; Efesios 5:21-22; Colosenses 3:18; Tito 3:1; 1 Pedro 2:13; 3:1). Se presentaba como una actitud voluntaria de cooperación y confianza en una figura de autoridad.
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La máxima autoridad es Dios (1 Corintios 11:3). Nos sometemos a Dios como la máxima autoridad (Lucas 6:46; 14:27; Juan 15:1-17).
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Incluso Jesús, que es Dios, demostró sumisión al Padre. En Juan 6:38-40, Jesús explica: “Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. Porque esta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquel que ve al Hijoy cree en Él, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final”.
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Al final de la vida de Jesús en la tierra, cuando está orando en el huerto de Getsemaní, vemos un poderoso acto de sumisión. Jesús oró: “Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras” (Mateo 26:39). Jesús sabía que estaba a punto de ser crucificado, pero eligió someterse al Padre, confiando en Su plan para la salvación de la humanidad.
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Además de a Dios, nos sometemos a los demás porque Dios nos lo ordena. Primera de Pedro 2:13-14 dice: “Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad, o a los gobernadores como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien”.
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Puesto que toda autoridad humana les ha sido dada por Dios, estamos llamados a someternos a quienes tienen autoridad (Romanos 13:1-7).
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A las esposas se les dice que se sometan a sus maridos (1 Pedro 3:1-6), y a su vez los maridos deben amar a sus esposas como a sí mismos (1 Pedro 3:7; Efesios 5:22-33).
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Los niños y los jóvenes deben someterse a los padres y a los ancianos (Efesios 6:1-3; 1 Pedro 5:5). Esto honra y respeta la sabiduría de los padres y los ancianos, que proporcionan estructura en la sociedad y una tutoría positiva. Los padres deben criar a sus hijos en la instrucción del Señor y no provocarlos a ira (Efesios 6:4).
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Los siervos deben obedecer a sus amos (Efesios 6:5-8) para que sus amos se conviertan en creyentes y entonces ya no sean siervo y amo, sino hermanos en Cristo. Los amos deben tratar a sus siervos con justicia, comprendiendo que ellos mismos tienen un Amo en el cielo (Efesios 6:9; Colosenses 4:1). Estos mismos conceptos se aplican hoy a los empleados y sus jefes.
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Todos los cristianos están llamados a someterse los unos a los otros (Efesios 5:21) para que puedan poner a los demás en primer lugar, cuidando de ellos.
IMPLICACIONES PARA HOY
Para un cristiano, someterse a los demás, como se describe en Efesios 5:21, significa optar por dar prioridad a las necesidades, el bienestar y la dignidad de los demás por reverencia a Cristo. Podemos someternos a los demás porque nos sometemos a la máxima autoridad, Dios, y porque sabemos que Él pedirá cuentas a aquellos a quienes nos sometemos. Esta sumisión es voluntaria, no forzada ni exigida, y es un acto de humildad. La sumisión significa reconocer quién está al mando o quién toma las decisiones. Es dejar de lado voluntariamente las agendas personales y los deseos egoístas para servir y apoyar a los demás con amor y respeto. En la práctica, puede consistir en escuchar bien, mostrar empatía o hacer sacrificios en beneficio de los demás, ya sea en amistades, relaciones familiares o comunidades eclesiales. Puede consistir en permitir que alguien dirija, aunque eso signifique hacerlo de una manera diferente a la propia. En lugar de buscar el control o imponer nuestro propio camino, la sumisión significa que elegimos una postura de bondad, paciencia y comprensión, sabiendo que cada acto de humilde sumisión refleja el amor de Cristo. Al someternos unos a otros, nos edificamos y fortalecemos mutuamente, creando una unidad y un cuidado mutuo que glorifica a Dios y refleja Su corazón.
COMPRENDE
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La sumisión es ceder voluntariamente ante otra persona.
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La sumisión implica reconocer quién está a cargo.
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Estamos llamados a someternos a Dios, a la autoridad y a los demás.
REFLEXIONA
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¿En qué aspectos de tu vida te resulta difícil someterte a la autoridad de Dios? ¿Cómo podría cambiar tu perspectiva el confiar en Él en estas áreas?
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¿Cómo puedes dar prioridad a las necesidades y al bienestar de los demás, aunque eso signifique dejar de lado tus propias preferencias?
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¿Qué pasos puedes dar para someterte humildemente a quienes tienen autoridad sobre ti, sin dejar de honrar tu compromiso con los valores de Dios?
PONLO EN PRÁCTICA
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¿Qué debemos hacer si la autoridad que está sobre nosotros nos pide que desobedezcamos a Dios? En estos casos, debemos someternos primero a la autoridad superior, que es Dios (Hechos 5:29). En la mayoría de los casos, esto nos llevará a la persecución e incluso al martirio. Sin embargo, Dios nos ha colocado en estas situaciones para que seamos testigos de Su autoridad. ¿Cómo influye la sumisión a Dios en la forma en que nos sometemos a las figuras de autoridad?
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¿Cómo ves la sumisión como una fortaleza en lugar de una debilidad, y cómo puede esta perspectiva moldear nuestra forma de pensar sobre ella?
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¿Qué aspecto práctico tiene la sumisión en las relaciones dentro de la iglesia, los matrimonios y las relaciones entre empleadores y empleados?
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