¿Qué dice la Biblia sobre la meditación?

En resumen:

La meditación, desde una perspectiva bíblica, es centrarse en la verdad y la bondad de la Palabra de Dios. Meditar en lo que Dios ha dicho en Su Palabra, en Su carácter y en lo que ha hecho permite que el Espíritu Santo moldee lo que piensas, sientes y haces.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

La meditación puede entenderse y practicarse de diferentes maneras con distintos propósitos. Meditar, en un sentido bíblico, significa reflexionar y pensar en las verdades de la Palabra de Dios. Significa dedicar silencio y tiempo a la reflexión para que la Palabra de Dios transforme tu manera de pensar, hablar, sentir y actuar. La Biblia te instruye en muchos lugares a meditar en Su Palabra. Hacerlo te permite aprender quién es Dios y qué ha hecho. Permite que el Espíritu Santo moldee tu corazón, mente y perspectiva sobre lo que es verdadero y bueno, en lugar de dejar que tus propios pensamientos lo hagan. Pablo instruyó a los corintios a poner "todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo” (2 Corintios 10:5). Cuando diriges tus pensamientos a considerar repetidamente la Palabra de Dios, recordar regularmente Su obra, reverenciar constantemente Su carácter y esperar con confianza Su presencia activa, entonces estás meditando de una manera bíblica.

DEL ANTIGUO TESTAMENTO

DEL NUEVO TESTAMENTO

IMPLICACIONES PARA HOY

La Biblia instruye a sus lectores a meditar en la Palabra de Dios, Sus acciones y Su carácter, pero a veces necesitas experimentar la presencia de Dios de forma directa e íntima. David escribió en el Salmo 62:1: “En Dios solamente espera en silencio mi alma; De Él viene mi salvación”. En el Salmo 63:6 habla de la satisfacción de su alma en relación con los momentos en que “en mi lecho me acuerdo de Ti, en Ti medito durante las vigilias de la noche”. Jeremías declaró: “Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor” (Lamentaciones 3:25-26). Romanos 8:26 dice: “De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Mientras esperas en la presencia del Señor, meditar en Su Palabra ayuda a preparar tu corazón para escuchar.

COMPRENDE

REFLEXIONA

PONLO EN PRÁCTICA