¿Qué dice la Biblia sobre la generosidad?

En resumen:

Dios es un Dios generoso y nos llama a ser personas generosas. Al recibir Su amor y compartirlo generosamente con los demás, el nombre de Dios será glorificado.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

La generosidad es una forma de vivir. A menudo hablamos de ella en relación con las donaciones económicas, pero la generosidad no tiene que ver solo, ni siquiera principalmente, con el dinero; es una actitud del corazón que consiste en tener un espíritu noble o bondadoso. La generosidad no se refiere únicamente a grandes cantidades, sino más bien a la actitud y las acciones de cada uno hacia los demás. Estamos llamados a dar a los demás de buena gana y con alegría, ya sea en forma de relaciones, tiempo, recursos, dinero o cualquier otra cosa. Porque Dios es generoso y porque todo le pertenece, nosotros también podemos ser generosos, confiando en que Él proveerá nuestras necesidades y sabiendo que ser generosos es amoroso y agrada a Dios. Cuando somos tacaños y buscamos solo nuestro propio beneficio, ignoramos la verdadera fuente de nuestra fuerza, sabiduría, tiempo y recursos. Pero cuando reconocemos que Dios tiene el control y nos ha prodigado Su amor, también podemos hacer lo que es mejor para los demás y vivir con generosidad. Al recibir el amor de Dios, podemos compartirlo generosamente con los demás de forma tangible.

DEL ANTIGUO TESTAMENTO

DEL NUEVO TESTAMENTO

IMPLICACIONES PARA HOY

Desde el principio de la creación, Dios ha sido generoso con los seres humanos. Creó a la humanidad a Su imagen y nos invitó a relacionarnos con Él. Nuestro pecado nos separó de Dios, pero Él nos proporcionó generosamente un medio de redención a través de Jesucristo. Más allá de eso, Dios bendice abundantemente a Sus hijos. Su generosidad hacia nosotros nos llama a ser generosos con los demás, ya sea con nuestra capacidad emocional, nuestra conexión relacional, nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestras finanzas y mucho más. La generosidad se expresa en un corazón abierto y en el deseo de ayudar a satisfacer las necesidades de los demás. También se expresa en la sinceridad de corazón. No damos para recibir algo a cambio o para enorgullecernos. Lo hacemos por “sinceridad de corazón, temiendo al Señor” (Colosenses 3:22-23). La palabra traducida aquí como “sinceridad” es la misma que se traduce como “generosidad” en 2 Corintios 9:11. Una vez más, la generosidad no se refiere únicamente a la abundancia en el dar, sino a tener un corazón sincero.

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