¿Qué ocurrió en el tercer viaje misionero de Pablo?

Este es un mapa para que puedas comprender mejor la historia:



Después de informar a su iglesia de Antioquía de Siria de las cosas que Dios había hecho durante su segundo viaje misionero, Pablo partió de nuevo en un tercer viaje para fortalecer a las iglesias que había plantado anteriormente. Este viaje se registra en Hechos 18:23-21:17.

Aproximadamente en el año 52 d.C., Pablo pasó por Galacia visitando las iglesias de Derbe, Listra, Iconio y Antioquía en Turquía, que había plantado durante su primer viaje misionero cinco años antes. Luego fue a Éfeso, donde había pasado mucho tiempo durante su segundo viaje misionero. Allí se encontró con doce hombres que habían sido instruidos por Apolos, otro creyente judío. Desafortunadamente, en ese momento, Apolos sólo conocía la historia de Jesús hasta el bautismo de Juan, así que sólo había enseñado a los doce hombres sobre el bautismo de arrepentimiento. Aquellos doce hombres no habían nacido de nuevo por la fe en el sacrificio de Cristo en la cruz, ni habían recibido el Espíritu Santo. Pablo les explicó el mensaje completo del Evangelio. Los hombres fueron bautizados "en el nombre del Señor Jesús" (Hechos 19:5). Pablo les impuso las manos y recibieron el Espíritu Santo, hablaron en lenguas y profetizaron como señal de su nueva vida en Cristo.

Pablo pasó tres meses predicando en la sinagoga de Éfeso, pero cuando la gente "endureciéndose algunos y no creyendo", Pablo se retiró con los discípulos y empezó a razonar "cada día en la escuela de uno llamado Tiranno" (Hechos 19:9). Allí siguió enseñando y haciendo milagros extraordinarios durante dos años, hasta que todos los habitantes de la zona oyeron la palabra del Señor. Durante este tiempo, siete hijos del sumo sacerdote judío Esceva intentaron aprovecharse de la fama de Pablo usando los nombres de Jesús y de Pablo para realizar un exorcismo. El espíritu maligno reconocía la autoridad del nombre de Jesús y conocía a Pablo, pero no conocía ni se sometía a los hijos de Esceva. Por el contrario, atacó a los siete hombres que finalmente huyeron de la casa desnudos y heridos. Cuando los efesios se enteraron del incidente, reverenciaron aún más el nombre de Jesús y muchos de los que practicaban la magia se arrepintieron e incluso quemaron sus libros (Hechos 19:13-19). Fue también durante esta época en Éfeso cuando Pablo escribió la carta llamada Primera de Corintios.

Después de estos acontecimientos en Éfeso, Pablo se sintió guiado por el Espíritu Santo para continuar su viaje misionero, regresar a Jerusalén y, finalmente, dirigirse a Roma (Hechos 19:21). A modo de preparación, envió a Timoteo y Erasto a Macedonia. Mientras Pablo se quedaba en Éfeso, Demetrio, un platero que se ganaba la vida fabricando ídolos para la diosa Artemisa, incitó un motín contra Pablo porque su predicación representaba una amenaza para su modo de vida. Tras varias horas de disturbios, el secretario de la ciudad logró calmar a la multitud y enviar a todos a casa, indicándoles que llevaran sus quejas contra Pablo a los tribunales para que fueran debidamente escuchados. Pablo se despidió tranquilamente de los discípulos de Éfeso y se embarcó rumbo a Macedonia, donde escribió la Segunda Carta a los Corintios mientras visitaba las iglesias de Filipos, Tesalónica y Berea, antes de dirigirse finalmente a Corinto. (Hechos 19:23-20:3).

Después de tres meses en Corinto, donde escribió la carta a los Romanos, Pablo planeó embarcarse hacia Siria. Sin embargo, descubrió un complot de los judíos incrédulos para engañarle en el viaje, y entonces decidió regresar por Macedonia, retomando el camino por Berea, Tesalónica y Filipos. En Filipos se reunió con Lucas y celebraron la Pascua. Ambos se embarcaron hacia Troas, donde se encontraron con compañeros de viaje de varias iglesias que se dirigían a Jerusalén. Probablemente, estos representantes de las iglesias llevaban ofrendas económicas a la iglesia perseguida de Jerusalén. Pasaron una semana en Troas y el último día Pablo predicó hasta bien entrada la noche. Un joven, Eutico, que había estado escuchando desde una ventana del tercer piso, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. Sin embargo, Pablo lo resucitó, le dio de comer y siguió predicando hasta el amanecer. Este milagro fue un gran estímulo para los creyentes de Troas (Hechos 20:3-12).

Pablo caminó hasta Asón mientras el resto de los compañeros de viaje navegaban hasta ese puerto y llevaban allí a Pablo a bordo. Luego navegaron hasta Mileto, cerca de Éfeso, haciendo algunas paradas por el camino. Pablo tenía prisa por llegar a Jerusalén a tiempo para Pentecostés, así que, en vez de visitar Éfeso, donde se sentiría obligado a quedarse más tiempo del que deseaba, decidió que los ancianos de la iglesia de Éfeso se reunieran con él en Mileto para darle unas últimas palabras de ánimo y despedida. (Hechos 20:13-38).

Pablo, Lucas y sus compañeros siguieron navegando hasta Tiro, en Siria, haciendo breves paradas en Cos, Rodas y Pátara. Permanecieron en Tiro siete días. Muchos de sus discípulos le pidieron que no fuera a Jerusalén, donde seguramente sería perseguido. Pablo, sin embargo, continuó su viaje, navegando hasta Tolemaida y luego a Cesarea. Durante su estancia en Cesarea, un profeta judío llamado Agabo profetizó que Pablo sería atado y entregado en manos de los gentiles cuando fuera a Jerusalén (Hechos 21:10-11). Los discípulos siguieron intentando disuadir a Pablo de entrar en Jerusalén, pero Pablo declaró: "Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús" (Hechos 21:13). Al ver que Pablo no se dejaba persuadir, los discípulos dejaron de discutir con él y dijeron: "Hágase la voluntad del Señor" (Hechos 21:14). Pablo y los discípulos entraron entonces en Jerusalén, donde los creyentes los recibieron de buen grado. Así terminó el tercer viaje misionero de Pablo hacia el año 56 d.C., aproximadamente cuatro años después de haber dejado su iglesia natal en Antioquía de Siria.

El tercer viaje misionero de Pablo es un ejemplo para los creyentes en muchos sentidos. Su visita a las iglesias que había fundado anteriormente muestra la importancia de volver a conectar con los nuevos creyentes y animarles. La relación de Pablo con los doce hombres de Éfeso muestra cómo diferentes personas pueden ser decisivas en el proceso de llevar a otros a la fe. El incidente con los siete hijos de Esceva muestra la importancia de asociarse en relación con Dios para hacer Su obra y no simplemente tratar de usar Su nombre. El hecho de que muchos que practicaban la magia se convirtieran y se arrepintieran muestra que cualquiera puede arrepentirse y ser salvo sin importar su pasado. La confianza de Pablo en el Espíritu Santo para dirigir sus planes de viaje y decirle cuándo seguir adelante es un ejemplo de hasta qué punto todos los creyentes deben confiar en la dirección de Dios. El ánimo que recibieron los discípulos de Troas cuando presenciaron el milagro a través del cual Pablo resucitó a Eutico debería servir de inspiración a todos los lectores para confiar en nuestro Dios que obra milagros y da vida. La disposición de los ancianos de Éfeso a viajar a Mileto para despedirse de Pablo debería estimular a otros a salir de su zona de confort tanto para recibir enseñanzas de los líderes en la fe como para ser una bendición para ellos. El tiempo que Pablo pasó en Tiro, donde se negó a ser disuadido de seguir el plan de Dios, es un ejemplo de cómo mantenerse firme frente a la oposición. Su compromiso de obedecer a Dios incluso ante la persecución y el peligro extremo debería inspirar a los creyentes a seguir caminando con Dios incluso en situaciones difíciles. Y, por último, la cálida acogida que Pablo recibió de los creyentes perseguidos y empobrecidos de Jerusalén debería recordar a los lectores que deben ser hospitalarios incluso cuando no hay mucho que ofrecer.

Aunque finalmente Pablo fue encarcelado y entregado a las autoridades gentiles, tal y como había profetizado Agabo, en Hechos 23:11, Dios confirmó que todo formaba parte de Su plan y que entregaría a salvo a Pablo a Roma para que siguiera compartiendo las buenas nuevas del Evangelio. Así pues, los lectores pueden estar seguros de que el tercer viaje misionero de Pablo, incluido su final en Jerusalén, fue tal y como Dios consideró que debía ser. Imagen de: http://www.keyway.ca/gif/paul3.gif



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