Noé, presentado en el Génesis como descendiente de Adán a través de Set, es descrito como un hombre justo en un mundo corrupto. En medio de la maldad generalizada, Dios le ordena a Noé que construya un arca, salvándolo a él y a su familia de un diluvio catastrófico. Después del diluvio, Dios establece un pacto con Noé, prometiéndole no volver a destruir la Tierra de la misma manera. A pesar de la rectitud de Noé, más tarde cae en desgracia, pero su legado perdura, sirviendo como un símbolo de fidelidad, obediencia y de la bondad de Dios en medio de nuestros fracasos. En el Nuevo Testamento, Noé aparece como un ejemplo de fe y paciencia, sobre todo en anticipación del juicio divino. En última instancia, la historia de Noé es un paralelo de la narrativa redentora de Jesucristo, destacando la importancia de la fe y la salvación.
Nosotros, por supuesto, queremos ser como Noé, poniendo nuestra fe en Dios, aunque no entendamos todos los detalles. También queremos ser como Noé, caminando con Dios y siendo pregoneros de Su justicia, tanto con palabras como con acciones. Queremos ser considerados justos ante Dios, algo que solo se consigue por la gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo. Noé, como todos nosotros, necesitaba un Salvador. Su historia es un presagio de la obra salvadora de Jesucristo. Primera de Pedro 3:18-22 explica: “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu. En el espíritu también fue y predicó a los espíritus encarcelados, quienes en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, durante la construcción del arca, en la cual unos pocos, es decir, ocho personas, fueron salvadas por medio del agua. Y correspondiendo a esto, el bautismo ahora los salva a ustedes, no por la limpieza de la suciedad de la carne, sino como una petición a Dios de una buena conciencia, mediante la resurrección de Jesucristo, quien está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potencias”. Así como Noé fue rescatado del diluvio por medio del arca y llevado a una nueva vida, nosotros también somos rescatados del juicio de Dios por nuestros pecados y llevados a una vida nueva por medio de Jesucristo (Juan 3:16-18; Efesios 2:1-10).